
Martes
, 24-11-09
POR A. R. V.
CÓRDOBA. En su «Elegía de Medina Azahara» Ricardo Molina describía la hermosa ciudad palatina construida por Abderraman III como «las ruinas del paraíso perdido». No sólo sus vestigios, como escribió el poeta, también es un oasis en medio del páramo laboral, marcado por la inflación de ERE, el paro creciente y las aspiraciones cada vez mayores de los jóvenes por labrarse un porvenir como funcionarios.
A este paraíso se remitió la representante de la Junta cuando el representante de CSI-CSIF planteó una batería de preguntas sobre los contratos en la última reunión de la subcomisión de Cultura, en la que debatió sobre la relación de puestos de trabajo de los conjuntos arqueológicos.
En aquella sesión, celebrada el 28 de octubre, el sindicato obtuvo la callada por respuesta de la Secretaría General Técnica de Cultura sobre la selección en Medina Azahara. Le formuló siete preguntas acerca de la orden por la que se encomendaba la dinamización del centro de visitantes a la empresa pública.
La representante autonómica se limitó a aseverar que la selección se realizó con cuidado y emplazó amablemente a los trabajadores presentes a visitar el centro recién inaugurado, según la versión del sindicato. CSIF le manifestó que, en época de crisis, le parecía «vergonzoso» que la Junta se gastara 2,5 millones. Y le inquirió sobre si «se han cumplido al menos los requisitos de mérito y capacidad».
Casi un mes después, el sindicato aún espera que le remitan la relación solicitada de todo el personal del recinto. Sin duda, un paraíso no sólo por lo que evocan sus ruinas.



