Lunes
, 23-11-09
SALVO por el hecho de que ambos países se encuentran en África, Guinea Bissau no debería coincidir en mucho más con Somalia y no debería ser un lugar en el que se produzcan situaciones que lamentablemente sí son cotidianas en ese otro país. Donde hay un Estado que se precie y leyes claras, cualquier diferencia en una disputa comercial o de interpretación de las leyes debería ser resuelta por los Tribunales con toda normalidad. En un país civilizado, los militares no la emprenden a culatazos de sus armas con ciudadanos retenidos por un asunto en el que no se ha producido ningún tipo de violencia por su parte. Por desgracia, el comportamiento denunciado por los tripulantes del petrolero «Virginia G» es un síntoma de los peores augurios para un país que en los últimos dos años ha visto cómo asesinaban a su presidente y del que las Naciones Unidas acaban de alertar por el peligro que conlleva la expansión en su territorio de las actividades del narcotráfico y el crimen organizado.
Con la cercanía en el tiempo del secuestro del «Alakrana» a manos de piratas somalíes, es inevitable que ambos sucesos tiendan a entremezclarse, aunque en los hechos uno y otro tienen poco que ver. A Guinea Bissau puede ir una delegación diplomática para tratar de aclarar los conflictos sin necesidad -por ahora- de movilizar otro tipo de medios. Para el Gobierno sería muy importante evitar caer en las mismas trampas que ha encontrado en el caso del atunero, en el que se ha preocupado sobre todo salvaguardar su imagen, sin ningún éxito, por cierto. A estas alturas, cabe ya aprender alguna lección de esta sucesión de incidentes en el mar: es un error abandonar las políticas que inciten a los gobiernos africanos a avanzar hacia modelos de buena gobernanza a imitación de lo que hace China con esa política «pragmática» consistente en no preguntar nada sobre democracia o derechos humanos a sus socios. También es un error que el Gobierno reduzca los problemas del comercio marítimo internacional con españoles de por medio a incidentes ocasionales que sólo requieren de contundencia cuando el problema se ha enquistado. Es más eficaz tratar de evitar los problemas que tener que resolverlos a posteriori.

