El Gobierno Obama duda de que «la hoja de ruta irlandesa» sea aplicable al País Vasco pues la situación no es comparable
El Ejecutivo de Rodríguez Zapatero constata que Batasuna ha rebajado su tradicional discurso al cuestionar tímidamente la estrategia político-militar diseñada por ETA en su último debate interno. No obstante, el Gobierno mantiene cerrada a cal y canto la puerta a un nuevo «proceso de paz», entre otros motivos, porque no quiere caer en una nueva trampa y, a estas alturas, lo único que acepta es que la «izquierda abertzale» certifique la defunción de la banda. Además, queda por ver la respuesta de ETA a los últimos movimientos de la coalición, aunque los augurios no son nada halagüeños, ya que en sus últimos pronunciamientos ha anunciado un «largo período de confrontación».
Expertos en la lucha antiterrorista creen que Batasuna tenía diseñada desde hace un tiempo su actual estrategia con el objetivo de presentarse a las elecciones de 2011. Sin embargo, la detención de Otegi, Usabiaga y compañía ha precipitado sus movimientos, ya que, con el tiempo en contra, quiere transmitir a EA y otros grupos nacionalistas que, pese al golpe sufrido, sigue vigente la propuesta de un «polo soberanista».
Los mismos medios detectan un interés de Batasuna por «hacer política» con relativa autonomía respecto a ETA, pero nunca «en contra de ETA». Todo ello para concluir su travesía por el desierto de la ilegalidad. En este sentido, consideran que la ponencia «Clarificando la fase política y la estrategia», que ahora debaten las bases, así como la propuesta para la apertura de un nuevo «proceso de paz» dada a conocer el pasado 14 de noviembre en Alsasua, no han sido impuestas expresamente por la banda.
Argel: el esquema falló
La ponencia revisa en tono crítico anteriores negociaciones. Dice de la de Argel que hubo una «dependencia política-estratégica de la Organización», es decir, «la lucha principal era entre ETA y las fuerzas de ocupación, lucha que el pueblo veía desde la grada». Rota aquella tregua, «se priorizó el uso de la lucha armada» como medio para presionar al Gobierno, pero «el esquema de una única carta volvió a fallar».
Tras el fracaso, se abrió un «proceso de reflexión» que ahora la ponencia oficial de Batasuna también somete a revisión, detectando nuevos fallos. Por ejemplo, «hubo un claro riesgo de errar en la lucha, con formulaciones como «la socialización del sufrimiento»», por la que se planteaba matar también a políticos y periodistas. Además, se cayó en «el desprecio hacia las iniciativas políticas. En efecto -señala- siempre ha existido el riesgo de minusvalorar el trabajo político y optar por el mero activismo (lucha sin objetivos)», en alusión a la actividad terrorista.
Estella: pagamos nosotros
Sobre las negociaciones que siguieron a Estella, el reproche se dirige a que «no se hizo una lectura lo suficientemente unificada sobre la iniciativa a desarrollar. Si debía de ser un «proceso de paz» o un «proceso de construcción»». «La factura de la ruptura la pagamos nosotros. Bien pagada además». «Con el final del alto el fuego, ETA llevó a cabo acciones armadas importantes que generaron una gran sacudida, pero no tuvieron complementariedad política o, no por lo menos, la suficiente. A la base social de la izquierda abertzale se le hizo incomprensible saber hacia dónde íbamos».
Proceso Zapatero
La ponencia reconoce que la llegada de Zapatero al poder en 2004 aceleró un nuevo «proceso de paz». Pero «la cohesión interna de la izquierda abertzale, en el comienzo, no era la suficiente», ya que «había diferentes puntos de vista a la hora de entender el proceso». «Para unos, la iniciativa de alto el fuego fue prematura. Sin aclarar el camino entre los agentes políticos para lograr un acuerdo político, se dejaba en el aire el elemento principal a la hora de concretar el proceso, quedando de esta manera en manos del enemigo». «Para otros, el alto el fuego debía de ser definitivo y había que alimentar el proceso, sin quedarse trabados en situaciones de bloqueo. Según este punto de vista, en lugar de sustentar el proceso en ETA y en el liderazgo fáctico de la lucha armada, debía de sustentarse en el protagonismo de la sociedad y en el liderazgo de Batasuna», aunque «hay que reconocer que no se dieron los pasos necesarios para activar a la ciudadanía». Lo cierto es que dinamitado el alto el fuego, «en la cabeza de muchos ha estado rondando la idea de que tal vez se tuvo la misma prisa para terminarlo que para comenzarlo. Recordemos que era la ofensiva política la que había que priorizar» respecto a la «lucha armada». ¿Se refieren a las prisas de «Txeroki» por dinamitar la tregua, buscando como excusa el primer obstáculo que se interpusiera en las negociaciones?
Problemas internos
Conclusión: «Para unos, la mayor garantía era la lucha armada; para otros, sin embargo, en un futuro la única garantía habrá que buscarla en la activación del pueblo y en la acumulación de fuerzas». Los autores de la ponencia se sitúan en esta segunda postura e incluso dicen que el «nuevo ciclo de confrontación» abierto tras la ruptura del proceso dejó «al descubierto los problemas estructurales de la izquierda abertzale».
Además, de cara a diseñar la estrategia futura consideran que será la «acumulación de fuerzas», esto es, la alianza con los partidos independentistas, más que la «lucha armada», la garantía para que definitivamente un nuevo «proceso de negociación» conduzca a la creación de un «estado vasco». Es más, en la ponencia se intuyen tímidos llamamientos a ETA, no para que desaparezca, pero sí para que abdique de su papel de garante del proceso, en favor de ese «polo soberanista» que, sí, debe de estar liderado por Batasuna. «Aunque en ciertos momentos la negociación esté bloqueada por el Estado», el proceso «se debe realizar sin ningún tipo de violencia o injerencia externa». Es más, «las únicas acciones que garantizarán la consecución de los acuerdos alcanzados mediante la negociación, así como los avances del proceso, serán la acumulación de fuerzas...». No se alude a ETA, la «vanguardia» del MLNV, como «gendarme».
«Sin estar preparados»
La ponencia reserva un último, y tímido, reproche a ETA por haber dinamitado el anterior proceso con la salvajada de la T-4, a espaldas de Batasuna. «El frente negociador debe ser continuo, también en las situaciones más adversas. En los procesos que hemos vivido hasta ahora no nos hemos dado cuenta, una vez empezados, que no estábamos suficientemente preparados».
Los asesores de Moncloa también han detectado en la propuesta de un nuevo «proceso de paz», dada a conocer el pasado 14 de noviembre en Alsasua, indicios que apuntan a que Batasuna ha rebajado el tono de su habitual discurso. De hecho, por primera vez alude a los principios Mitchell, la «hoja de ruta» que propuso el senador norteamericano George J. Mitchell, para llevar adelante el «proceso irlandés» que, entre otras condiciones, planteaba «el desarme de las organizaciones paramilitares», en lo que podría ser, en el «conflicto vasco», una alusión a ETA.


