Con el Reino Unido fuera del euro, Van Rompuy, Barroso y Zapatero deberán gestionar las posibles sinergias

Cuando hace diez años se ultimaba la salida del euro, hubo voces que pronosticaron que Fráncfort se convertiría en la gran plaza financiera de Europa, muy por delante de un Londres autoexcluido de la moneda única europea. Fráncfort es hoy centro financiero del continente, pero Londres lo es del mundo. ¿Es esa dualidad buena para Europa?
«La dualidad no es mala», estima Luis Garicano, catedrático de Estrategia Económica de la London School of Economics. «Sin duda Londres es el mayor centro financiero», afirma, «pero es bueno que haya un contrapunto para que Europa pueda oscilar entre soluciones de más mercado, propias del Reino Unido, y otras de mayor control estatal, más propias de Alemania o Francia; es bueno que junto al planteamiento anglosajón, más centrado en el mercado del capital, esté el esquema del continente, más dependiente de la relación entre la empresa y la banca».
Una dualidad imperfecta
De todos modos, se trata de una dualidad imperfecta, porque la globalización ha potenciado la preminencia de Londres, junto a Nueva York, mientras que la consolidación de mercados emergentes ha situado a diversas plazas asiáticas por delante de Fráncfort. Además, París está reforzando sus posiciones.
De acuerdo con el Índice de Centros Financieros Globales (GFCI por su siglas en inglés), Londres ocupa la primera plaza del ranking mundial, con 790 puntos; seguida de Nueva York (774), sobrepasada en 2006 por la capital británica. Si en los últimos años Fráncfort venía ocupando la sexta posición, tras Hong Kong, Singapur y Zurich, ahora se encuentra en la número doce: ha ascendido en puntuación (tiene 649), pero mayor salto han dado centros financieros del Asia-Pacífico como Shenzhen, Tokyo, Shangai y Sidney. París, tercera ciudad de la UE en la lista, también ha progresado (630 puntos), aunque se mantiene a siete puestos de la sede del Banco Central Europeo.
«Fráncfort sigue siendo un importante núcleo financiero, pero el centro de gravedad del negocio financiero se está moviendo hacia mercados de rápido crecimiento en Asia», comenta James Abbott, responsable de comunicación de la «City» londinense.
La supremacía de Londres, «¿resta fortaleza a la UE por el hecho de tratarse de la capital de un país que no está en el euro? ¿sería mejor para la zona euro que el mayor centro financiero fuera Fráncfort y no Londres?». Las preguntas se las hace Rodrigo Rodríguez, analista de Credit Suisse. Reconoce como «contradictorio» que la principal plaza financiera de la UE esté fuera de la eurozona, pero al mismo tiempo cree que el euro no sería más fuerte por el hecho de que el mayor centro financiero estuviera en un país adherido a la moneda única.
«Lo definitivo es el inglés», apunta Luis Garicano. «El inglés y el primo Zumosol», añade Rodrigo Rodríguez refiriéndose irónicamente a la estrecha relación entre Londres y Washington: «El 60 por ciento de los que trabajamos en la «City» somos europeos de otros países, todos sabemos hablar inglés, pero pocos saben alemán o francés, y eso juega a favor de la internacionalidad de Londres».
Para Philip Augar, autor de una trilogía sobre la historia de la «City», en el fondo Londres es una «subsidiaria» de Nueva York, ya que ésta tiene el liderazgo del modelo anglosajón, mientras que Londres lo que ofrece es todo contexto: proximidad para el resto de europeos y mayor internacionalidad para el resto del mundo. Es lo que Augar llama «Wimbledonisation»: Londres pone las pistas y los demás ponen los jugadores.
Además del idioma inglés, Garicano y Rodríguez señalan también las ventajas fiscales como esenciales para el predominio de Londres sobre sus competidoras continentales. Pero la crisis económica está obligando a cambiar algo las reglas.
La apuesta francesa
Un ejemplo es Francia, que en septiembre aprobó reformas para abrir las puertas a la banca islámica y quitar parte de ese negocio a Gran Bretaña, hasta ahora único país europeo que atendía a la actividad bancaria respetuosa con «sharia» (sin pago o cobro de intereses; fondos no relacionados con alcohol, juego, pornografía, tabaco, armas o cerdo). Es un sector con un crecimiento del 10-15% anual y que mueve 470.000 millones de euros. «Sarkozy confía en que sea París y no Londres el principal centro financiero islámico de Europa», afirma el experto Rushdi Siddiqui.


