Los documentos filtrados a la prensa sobre la investigación de la guerra muestran cómo altos militares británicos califican de «marcianos» a los mandos estadounidenses.
Críticas a la presencia de dos judíos en la comisión
La presencia de dos judíos entre los cinco miembros de la comisión de investigación sobre la guerra de Irak que este martes comienza sus trabajos en Londres podría provocar un debate público tras la acusación de “parcialidad” realizada por un ex embajador. Oliver Miles, antiguo embajador del Reino Unido en Libia, que en 2004 reunió la firma de otros 52 ex diplomáticos en una carta abierta dirigida a Tony Blair solicitándole otra política para Oriente Medio, ha lamentado que los medios británicos se hayan “inhibido”, por querer ser políticamente correctos, ante la presencia en la comisión de los historiadores Martin Gilbert y Lawrence Freedman. Asegura que ambos tienen un largo historial de “apoyo al sionismo”.
Estas críticas se unen a las de quienes ya hace tiempo denunciaban que la composición de la comisión de investigación hace presagiar un resultado que no comprometerá el futuro de Tony Blair, pues difícilmente se le catalogará de criminal de guerra, como solicitan los activistas contrarios a la guerra de Irak, y como parece desear el propio Miles. El presidente de la comisión, el ex alto funcionario John Chilcot, ya fue miembro de la comisión de investigación del caso Hutton, la primera que hubo en relación a la invasión de Irak y que determinó que Blair actuó de acuerdo con la información que le pasaban los servicios secretos a la hora de denunciar el potencial militar de Sadam. Usha Prashar es miembro de la Cámara de los Lores sin relevante experiencia en seguridad y defensa, mientras que Roderic Lyne era embajador al servicio del Gobierno durante la guerra. En el caso de los dos historiadores, una cifra elevada para una mesa de cinco personas, se recuerda que, al margen de su credo, se han pronunciado en otras ocasiones a favor del Gobierno. Gilbert llegó a decir que Bush y Blair bien podrían juntarse en los anales con Roosevelt y Churchill, mientras que Freedman es el arquitecto de la llamada “doctrina Blair” de intervencionismo por razones humanitarias.
Actualizado
Martes
, 24-11-09 a las 16
:
44
La insistencia de Tony Blair ante el Parlamento y la opinión pública de que la invasión de Irak tenía como objetivo “desarmar, no cambiar el régimen” ató de manos al Ejército para preparar convenientemente con antelación la situación posbélica, lo que llevó a la prolongación del conflicto y al aumento de bajas. Así lo revelan documentos internos que serán dados a conocer en la comisión de investigación sobre la guerra de Irak que comienza mañana en Londres.
La comisión, con sesiones públicas y presidida por John Chilcot, un ex alto funcionario, había sido sido juzgada como innecesaria por Blair, pero luego su sucesor como primer ministro, Gordon Brown, tuvo que comprometerse a ella, aunque sólo se ha puesto en marcha una vez concluida la retirada de Irak y sin tiempo para que las conclusiones lleguen antes de las elecciones generales de mayo. Oficialmente, la comisión es para “identificar las lecciones que se pueden aprender del conflicto de Irak”.
De acuerdo con documentos confidenciales que serán analizados por la comisión y que en parte ya han sido filtrados por la prensa, aunque en febrero de 2002 el Gobierno británico ya había comenzado a programar invadir Irak y derribar a Sadan Husein, durante todo ese año Blair insistió ante el Parlamento y ante la opinión pública que el objetivo era sólo “desarmar” al régimen iraquí. Ello obligó a que el objetivo real fuera conocido sólo por un “número muy reducido” de militares, que además se veían “constreñidos” en los preparativos debidos.
El resultado, según las filtraciones del “"The DailyTelegraph", fue una operación abordada de modo “apresurado”, en la que “faltaba la coherencia y los recursos”. Así, hubo tropas que fueron enviadas a entrar en acción con sólo cino balas por soldado, y parte del despliegue tuvo que hacerse utilizando vuelos civiles, en los que parte del armamento, llevado como equipaje de mano, fue confiscado por las autoridades aeroportuarias.
La unidad dentro del Foreign Office dedicada a preparar la posguerra en Irak sólo fue puesta en marcha en febrero de 2003, tres semanas antes del comienzo de la invasión. Los planes, de todos modos, “no contenían detalles una vez Bagdad hubiera caído”.
La comisión de investigación también escuchará quejas contra los militares estadounideneses por parte de altos mandos británicos. De acuerdo con los documentos referidos, el coronel J. K. Turner, jefe de Estado Mayor en Irak, calificó de “grupo de marcianos” a sus colegas norteamericanos. “A pesar de nuestra así llamada relación especial, no fuimos tratados de modo distinto que los portugueses”, indica su testimonio.
El de su superior, el general Amdrew Stewart, precisa que dedicó “significativa cantidad de tiempo rechazando y evadiendo órdenes de sus superiores estadounideneses”, lo que al menos en una ocasión provocó un serio conflicto diplomático entre Londres y Washington. El general Stewart señaló que la capacidad británica para influir en las decisiones norteamericanas fue “mínima”.
A la espera de que mañana arranque la comisión, el encargado por el Gobierno británico de dirigir la investigación pública sobre los prolegómenos y circunstancias de la guerra de Irak ha asegurado que no será un ejercicio destinado a exonerar a eventuales responsables, sino que se llegará al fondo.
Frente al escepticismo de muchos por la propia composición de los miembros del comité encargado de la investigación, Sir John Chilcot, un ex funcionario público de carrera, insistió en declaraciones a la prensa en que él y sus colegas serán imparciales.
Chilcot, citado hoy por la BBC, aseguró la determinación de los integrantes del comité de llevar a cabo "no sólo un trabajo completo sino uno que sea totalmente sincero y que aguante cualquier examen público".
Examinando una montaña de documentos
"Tenemos completo acceso a los documentos emanados del Gobierno, en todos sus escalones, durante los nueve años y ya hemos visto más que suficiente para saber que no se ha intentado ocultar nada porque es simplemente imposible", aseguró el presidente del comité.
Explicó que su equipo ha comenzado a examinar "una montaña" de documentos y también se ha reunido con la mayoría de los familiares de los 179 militares que perdieron su vida en una guerra que comenzó con la invasión del país en 2003.
Según Chilcot, el comité examinará asuntos que siguen siendo polémicos como el de los recursos, es decir si había suficientes efectivos o material, para la invasión, la interacción entre las decisiones políticas y la planificación material o los cuidados dispensados a las víctimas del conflicto.
Chilcot reconoció que para muchos británicos, la cuestión más importante, de la que dependen todas las demás, es la de si la decisión de ir a la guerra estaba justificada y si se trató de una guerra legal.
Varios políticos de la oposición se preguntan por qué no se ha nombrado, sin embargo, a un abogado para que interrogue en profundidad a los políticos y funcionarios relacionados con aquel conflicto.
El comité será el encargado de interrogar a los testigos, fórmula defendida por Chilcot con el argumento de que no se trata de un proceso judicial sino de una investigación.
Un diplomático británico, Oliver Miles, que fue embajador en Libia, expresó, sin embargo, este domingo en "The Independent" sus dudas sobre el equilibrio y la imparcialidad de los integrantes del comité.
Algunos han criticado la elección de Chilcot, que participó en la llamada encuesta Hutton sobre las circunstancias que rodearon la muerte del experto David Kelly después de que se revelase que había sido él quien filtró a la BBC la noticia de que el Gobierno británico había exagerado deliberadamente el peligro de las supuestas armas de destrucción masiva de Sadam Husein.
Dudas sobre los miembros del comité
También se ha criticado el hecho de que otro de los miembros del comité, la baronesa Prashar, no cuente con la experiencia necesaria o que un tercero, el ex embajador Roderic Lyne, sea asesor de un banco, JP Morgan Chase, una petrolera, BP, con intereses en el nuevo Irak.
Dudas sobre los miembros del comité
También se ha criticado el hecho de que otro de los miembros del comité, la baronesa Prashar, no cuente con la experiencia necesaria o que un tercero, el ex embajador Roderic Lyne, sea asesor de un banco, JP Morgan Chase, una petrolera, BP, con intereses en el nuevo Irak.
Según Miles, no se ha prestado además suficiente atención al nombramiento de dos historiadores que "apoyaron ambos con energía a Tony Blair y/o la guerra de Irak". En 2004, uno de ellos, Martin Gilbert, escribió que el entonces presidente de EEUU, George W. Bush, y el primer ministro británico, Tony Blair, podrían "con el paso del tiempo (...) ser equiparados a Roosevelt y Churchill".
El segundo historiador, Lawrence Freedman, está considerado como el artífice de la "doctrina Blair" de intervenciones humanitarias, aducida tanto para la guerra de Kosovo como para la de Afganistán y la de Irak, señala Miles, quien recuerda que, como ha señalado la propia prensa israelí, "ambos son judíos y al menos uno de ellos es un activo defensor del sionismo".


