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Lunes , 23-11-09
De un columnista se espera el matiz, el detalle que describa la situación general. Para cantar lo obvio sobran juntaletras que escriben que en Mayo hay Feria en Córdoba, en verano hace calor o que en Navidad las calles se llenan de lucecitas, ¡mira tú que curioso!, de Navidad.
El matiz, el pincel fino. Sobra el trazo grueso, el análisis de brocha gorda. Un comentario que me asquea es aquél que hacen ciertos indocumentados cuando entran en un bar y lo ven lleno. «¿Dónde está la crisis?», preguntan observando el ambiente. Parecen no ver que en las mesas ya no hay dos o tres tubos como antes, sino una humilde caña. Ni en el hombre del fondo de la barra, que quizás esté ahí porque, hundido su mundo laboral, es el único sitio donde puede refugiarse sin que se le hunda el techo de la casa. ¡30% de paro!, pronostica la Junta, y no se les cae su blanda y fofa cara al suelo de vergüenza. Ni en Nápoles están peor. Crisis. Bares llenos, sí; pero digamos también que esta crisis sólo está machacando a una parte de la sociedad, mientras que la otra la esquiva con cierta holgura. Por ahora.
Detalles, fijémonos en detalles. Puedo contarles varios. Los supermercados de cadenas baratas del centro están abarrotados como nunca. Y los clientes llenan sus carros con marcas blancas y no con las que solían comprar. Antes ni nos preocupábamos de eso. Crisis. Agencias de viajes. Las ofertas para el Puente de la Inmaculada o Navidad ya no son para ir a Abu Dhabi o Jordania, sino a Mijas Costa o a Tánger, si te puedes estirar. Crisis. Un 60% de los cordobeses temen por su puesto de trabajo. De seguir así, volveremos a parámetros de la España de «Cuéntame», como los cangrejos. La economía sumergida de nuevo en el horizonte y los políticos jugando sus estúpidos juegos.
Más detalles en esta España de los Alcántara. Viernes pasado, Parque Cruz Conde. Me llama un señor entrado en años. «Anda, dale un empujoncito al coche, que se me ha parado». ¿Cuántos años hacía que no veía yo esa estampa, un grupo de esforzados intentando arrancar un coche que no va? Antes, el coche se cambiaba cada 5 años, a capricho. Allí estaba, costalero del recuerdo, años setenta de nuevo. Por un momento creí que iba a salir una troupe callejera de zíngaros con la cabra que bailaba al son del órgano, ¿recuerdan? Faltó poco. Pero yo, para ir entrenando, mientras regresaba a casa, les juro que me puse a silbar los 10 mejores éxitos de Los Chichos.
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