Domingo
, 22-11-09
Además de Eva Mendes, esa actriz con todas las curvas en el lugar preciso, aparecían en «Spirit» dos semovientes clónicos con cara de boludos y aspecto de hooligans que actuaban como guardaespaldas del malvado de la historia. La única frase que atinaban a hilvanar estos mastruezos a lo largo de toda la cinta era una amenaza: «Mucho cuidado, os estemos vigilando».
Mira por dónde me recordó bastante a la explosión de ira que protagonizó la otra tarde el ministro mejor temperado del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, cuando le sacudió a Carlos Floriano, del PP, aquello de «Oigo todo lo que dices, veo todo lo que haces». Ello, minutos antes de llamar «loca» a Cospedal, «desquiciado» a Trillo y «paranoico» al pobre diputado extremeño.
«Perdió lamentablemente los nervios el político que nunca los pierde», dijo Justino Sinova en lo de Herrera al analizar tan comentada escena. David Gistau ofreció más detalles. «No fue por lo de Floriano. Rubalcaba perdió la calma cuando, antes, otro diputado del PP le recordó que había mentido al explicar la condecoración concedida al policía del caso Faisán. Ahí le demostró que había faltado a la verdad en sede parlamentaria. Fue tal el golpe a su prestigio personal, que, fuera de sí, lo pagó luego con Floriano y por eso le persiguió por los pasillos y le insultó».
El ministro había mentido. Y la habían pillado mintiendo. Y eso le desequilibró porque, no olvidemos, como apostilló Ana Samboal en EsRadio, Rubalcaba es el ministro que ganó unas elecciones como el eslogan de «no nos merecemos un Gobierno que mienta».
No fue por Sitel, fue por el Faisán, el episodio más turbio y tenebroso de cuantos ha protagonizo este Gobierno, con excepción de los embustes en torno a la negociación con ETA. Esta ha sido la semana de la bochornosa solución del secuestro del Alakrana y la consiguiente humillación del Estado a manos de unos piratas somalíes, como recordó Martín Ferrand en los «Protagonistas» de Madero. Demasiados problemas para un Gobierno que zozobra. Demasiados frentes abiertos y muy pocas soluciones. «El Gobierno ha perdido credibilidad, y no solo lo sabe, sino que empieza a notarl», sentenció Bieito Rubido en Punto Radio. Las desdichas nunca llegan solas.
Rubalcaba siempre parece haber seguido la máxima de Gracián: «Las cosas nunca pasan por lo que son, sino por lo que parecen». Enfurecido y casi arrojando espumarajos, su episodio parlamentario cuarteó en parte su leyenda de hombre frío y cerebral. El siempre respetado Fouché socialista se mostró como un perdulario de taberna. Gran patinazo. «Os estemos vigilando», le faltó decir. Formas demasiado abruptas para quien pasa por ser, junto a Pepe Blanco, el único rasgo de solvencia en un Ejecutivo al borde del naufragio.


