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Domingo , 22-11-09
La conversación, ayer, tiene lugar en Newcastle, nordeste de Inglaterra, al borde del río Tynne. El interlocutor es un veterano europeísta conservador -de los que hay muy pocos.
-Ha quedado redondo. Blair ha sido un candidato útil, pero no nos engañemos. Hubiera sido un presidente desastroso para el Consejo Europeo. Ha jugado el papel de liebre. Brown lo ha defendido con ardor, pero era imposible porque ya estaba pactado por franceses y alemanes que el presidente sería del centro derecha. Así que al ofendido siempre hay que compensarle y la baronesa Ashton es perfecta. Lo hemos conseguido.
-¿Intentas decirme que esto ha sido una trama cuidadosamente orquestada?
-Me encantaría creer que lo ha sido. Y afirmaría que ese era el caso si en la sombra hubieran estado John Kerr o Tristan Garel-Jones. Pero con estos chicos, no. Les ha salido muy bien. Pero no lo planearon nunca así. Es una pura casualidad. Y ahora tenemos que decir que Cathy Ashton es una candidata estupenda y que va a hacer un gran papel. Al menos nos regodeamos viendo que el euroescepticismo británico va a ver al segundo cargo más poderoso de la unión en manos de una laborista británica...
-Y ¿tiene eso algo de positivo cuando sabemos que dentro de seis meses a lo máximo el Partido Conservador estará en el poder aquí?
-Sin duda sí. Ashton seguirá siendo la legítima vicepresidenta de la Comisión Europea y es una miembro de la Cámara de los Lores en excedencia forzosa...
-Pues yo creo -concluí- que se ha hecho un flaco favor a Europa. El Tratado de Lisboa daba la ocasión de un nuevo comienzo. Se había acabado el escoger a quien encarnara el mínimo común denominador -Santer, Prodi- y abría la puerta a grandes decisiones de mayorías democráticas. El jueves pasado, Berlín y París lo impidieron para seguir mandando.
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