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Recibe cinco llamadas al día, por la mañana temprano o a la hora de la siesta, lo que se ha convertido en una auténtica pesadilla
Cristina es una víctima de la publicidad indiscriminada. Un azote diario que, en su caso, llega a través del hilo telefónico. «No puedo más, me está afectando al carácter, invaden mi intimidad a horas intempestivas, interrumpen la vida familiar e incluso dejo de atender llamadas importantes: en cuanto veo un número oculto en la pantalla del teléfono sospecho que sea uno de ellos».
Para esta joven residente en Madrid, madre de tres hijos y que trabaja fuera de casa, el fin de semana es lo peor. «Como durante de lunes a viernes estoy fuera de casa, el sábado y el domingo concentran casi todas las llamadas, nunca menos de cinco al día y, principalmente, bien temprano o a la hora de la siesta».
Pese a la agresividad con la que las compañías atacan a esta joven, ella ha optado por no perder los nervios frente al auricular. «Mi actitud siempre es educada, les pido por favor que no vuelvan a llamar, jamás amenazo y confío en que entiendan mis palabras. Pero cada vez llaman más y de forma más insistente: todo es inútil, es como si hablases con una máquina».
Ante la pregunta de si se ha planteado quejarse formalmente, Cristina asegura que en una ocasión exigió hablar con un responsable de la compañía y así expresar su queja: «Fue bochornoso, el vendedor me pasó con su compañero de mesa, ya que yo escuché la conversación paralela, cuando insistí en hablar con su jefe, volvió a repetir la maniobra y me pasó con otro teleoperador».
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