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Domingo , 22-11-09
No hay ninguna lección aprendida tras los vaivenes corporativos que llevaron al troceo de Endesa. En Iberdrola, Galán hace rato que ha echado mano del capote y ahora le llega el turno a Repsol. Antonio Brufau se prepara para un año duro, de lucha interna y desgaste. El próximo miércoles ya no será el «día D». El consejo de administración de Repsol se reunirá pero los sables permanecerán guardados. La sesión servirá para aprobar la propuesta de dividendo a cuenta que formule el presidente de Repsol con unanimidad: Sacyr Vallehermoso no ha abierto fuego en esta batalla para mejorar el dividendo del grupo sino para tomar el control de Repsol.
El grupo que preside Brufau ha estado temiendo toda la semana la preparación de un órdago desde la constructora que preside Luis del Rivero. La apuesta, una posible reprobación de la gestión del presidente de la petrolera basada en dos apoyos: la actividad del grupo es intensiva en caja y el descenso del dividendo no es óbice para recortar el beneficio. No se han conducido así grandes petroleras como BP o Shell que han procurado la máxima rentabilidad, a diferencia de Brufau. El segundo argumento es el inmovilismo del presidente de Repsol al frente del grupo, cristalizado en su defensa a ultranza de un Plan Estratégico concebido antes de que la crisis económica hiciera patente su virulencia.
Esta carta, sin embargo, sólo puede jugarse al éxito y para este miércoles el respaldo del consejo a Rivero no está asegurado. Numéricamente, los apoyos están, de momento, con Brufau. De los 16 vocales del máximo órgano de administración de la petrolera (ver gráfico en página derecha) Sacyr controla tres votos: sus dominicales Luis del Rivero en calidad de vicepresidente primero, Juan Abelló y José Manuel Loureda como consejeros rasos.
Órdago por la presidencia
La Caixa acepta como válida la gestión de su designado al frente de Repsol, y sus dos representantes el vicepresidente segundo Isidre Fainé y el consejero Juan María Nin respaldarán sus directrices al frente de la compañía. Petróleos Mexicanos (Pemex), hará otro tanto. Desde su asiento en manos del consejero Raúl Cardoso ha jugado a favor de Brufau como compañeros de sector. Los otros nueve votos se reparten en manos de consejeros independientes elegidos por el propios Brufau. No darán un paso en contra del presidente a menos que la decisión sea unánime entre los accionistas mayoritarios. Pero una reprobación en consejo no se pone en marcha sino es para reclamar un cambio en el primer sillón del grupo. Y el juego aquí es distinto.
La Caixa, Pemex y los consejeros independientes sí reconocen el derecho de Sacyr Vallehermoso a decidir quién debe ocupar la presidencia del grupo dada su posición como primer accionista con el 20%. Eso sí, con un sentimiento unánime: el puesto debe ser para el grupo constructor, pero no necesariamente para su presidente. Indiferente a ello, el recambio presidencial sirve a Sacyr dos comodines en bandeja. El primero, acceder a la gestión del grupo y, por tanto, acelerar las desinversiones que permitirán elevar la caja de Repsol y engordar su dividendo. Algo que Brufau se niega a acometer. El segundo, la prima inherente a ofrecer en el mercado una participación a la que se reconoce el derecho de decidir la presidencia.
A nadie se le debe olvidar que en poco más de una año, en la primavera de 2011, la constructora tendrá que hacer frente al vencimiento del principal del préstamo sindicado con el que compró en 2006 -cuando el «boom» inmobiliario aún daba de sí- el 20% de la mayor compañía petrolera española.
Prima para la venta
Está por ver el tipo de malabares que tendrá que hacer la compañía que preside Luis del Rivero para salir del atolladero, porque públicamente ya ha admitido que no cuenta con caja para afrontar un pago que rondará los 5.000 millones de euros. ¿La salida más fácil? La que intentaba hace precisamente un año con Lukoil: la apertura de conversaciones con grupos extranjeros interesados en crecer y aumentar su expansión vía adquisiciones. Con un 20% no se controla un grupo, pero con el mismo porcentaje y el derecho a designar el presidente la atracción de la transacción gana enteros.
Entre tanto, el grupo constructor se sirve del dividendo que le entrega Repsol todos los años para cubrir los intereses de este abultado préstamo y, si sobra, para engordar una caja lastimada por el radical frenazo experimentado por el sector constructor y por la actividad residencial: los grandes negocios del grupo tras la venta de la jugosa y segura concesionaria Itínere.
Límite, pagar los intereses
En el conflicto que nos ocupa, el dividendo de la petrolera no es sino un señuelo. Con 0,75 euros el grupo que preside Luis del Rivero cubre los pagos de los citados intereses y le quedan 10 céntimos para hacer caja. De hecho, desde Sacyr Vallehermoso se reconoce que la diferencia entre el pago de 0,85 euros propuesto por Brufau y los 1,05 euros más un 5% reclamados como mínimo por el grupo constructor se queda en 40 millones que «no sacan de pobre a Sacyr». Las aspiraciones son mayores.
Rivero se sabe con la clave para convertir a Repsol en una compañía de gran rentabilidad para el accionista. A corto plazo, claro. La petrolera dispone de 3.000 millones de euros en activos no estratégicos cuya venta rápida propugna al margen de la valoración de los hoy rácanos mercados. La misma filosofía aplica a los grandes descubrimientos que la petrolera se anota desde 2008 en Venezuela y Brasil, cuyo desarrollo computa como gasto en las cuentas de resultados del grupo y lo seguirá haciendo hasta el años 2013. La refinería que el grupo posee en Cartagena es otro activo sobrante a ojos de Rivero que tampoco le encuentra el sentido a mantener a que Repsol no vende su posición en Gas Natural.
Con fecha de caducidad
El choque con Brufau es frontal. El matrimonio de conveniencia de ambos empresarios se selló desde el principio con fecha de caducidad. El presidente de Repsol busca una gestión del grupo a largo plazo que permita a la compañía petrolera escalar los puestos que ha descendido desde el año 2000.
Brufau propone reducir el dividendo para dejar más dinero en Repsol y poder hacer frente al Plan Estratégico 2008-2012. No renuncia a cumplir los objetivos marcados y sólo acepta revisarlo si la crisis se recrudece. Rentabilizar los 15 hallazgos de hidrocarburos detectados entre 2008 y 2009 es uno de sus grandes objetivos y para conseguirlo necesitará ingentes recursos.
Al menos 10.000 millones de euros sólo en el caso de las cuencas brasileñas, por lo que entiende que entregar a los accionistas un dividendo elevado comprometerá el devenir del grupo a largo plazo. Los que le conocen son tajantes. «Antes sale de Repsol por su propio pie que seguir al dictado una política de gestión dirigida a exprimir los recursos del grupo, y que ponga en peligro el futuro de la compañía». No le hará falta decirlo muy alto.
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