La vida de Isaac Albéniz esta llena de luces y de sombras, de verdades a medias y de mentiras a medias. El compositor catalán (Camprodón, Gerona, 1860 / Aquitania, Francia, 1909) recreó a través de sus escritos una vida aventurera preñada de encuentros a lo largo de su multitud de viajes con personalidades internacionales, como el que mantuvo con Franz Liszt, cita que muchos se empeñan en cuestionar. Otros, como el musicólogo Andrés Ruiz Tarazona, la defienden vehemente. Lo hace en uno de los corrillos formados tras la presentación de la exposición «Albéniz. Leyendas y verdades», en la sala de las Bóvedas del Conde Duque. «Él cambió las fechas en sus escritos porque le venía bien, pero estoy convencido de que ese encuentro existió», sostiene.
Esta muestra, que se podrá ver hasta el 31 de enero y está organizada por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, la Biblioteca Nacional (que ha cedido 34 piezas) y el Ayuntamiento de Madrid, pretende acallar algunos interrogantes y arrojar algo de luz sobre la trayectoria vital y musical de uno de nuestros compositores más universales que, sin embargo, «ha sido el personaje peor conocido y más erróneamente apreciado de la música española», afirma el comisario de la exposición, Justo Romero, que ha procurado diseñar «un itinerario visual y sonoro a través de su fascinante peripecia vital, de su tiempo y de los lugares por los que transitó y residió» el padre de una de las obras más importantes escritas para piano, «Iberia», que le hizo cosechar numerosos éxitos.
Aquellos que, sin embargo, se le resistieron en su producción lírica y que provocaron una profunda herida en el corazón del artista. «A Albéniz le dolía España», reconoció durante la presentación el Alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, que habló más desde el afecto familiar -es sobrino-nieto del compositor- que desde el púlpito de la política. «Acercarse a Albéniz es acercarse a un momento duro y doliente de la Historia de España y de la relación que ésta tenía con sus artistas. Él no fue reconocido en vida. No hubo una respuesta generosa hacia una persona que demostró una gran generosidad artística».
Ruiz-Gallardón subrayó el espíritu de evocación que traspira la obra del músico, «una evocación por la España que él conocía, pero también representa la nostalgia del tiempo y el lugar no habitados». Y destacó el carácter universal de la música de Albéniz, capaz de traspasar fronteras y modas con un lenguaje innovador. «Es universal porque emociona en cualquier tiempo y lugar». Finalmente lo puso como ejemplo «de un error que no se debe repetir en España, que es el de dar la espalda a nuestros artistas».
«Merlín»
El recorrido de la exposición se abre con el legado menos conocido y reconocido de Albéniz: su obra lírica. Sólo una de sus óperas, «Merlín», ha logrado subir a escena en tiempos recientes (la estrenó el Teatro Real en 2003), y su grabación, dirigida por José de Eusebio, ganó un Grammy Latino. Otras esperan alcanzar esa suerte: «Henry Clifford», «Pepita Jiménez»...
Valiosa es también la colección de arte que fue atesorando el artista, producto de los incontables regalos de sus amigos pintores -Casas, Rusiñol, Regoyos...-, que muestran su vinculación con el modernismo, y que se pueden ver ahora en esta exposición. Fotografías, partituras, cartas y grabaciones intentan revestir de verdad la vida de quien debería ser ya una leyenda de la música española.

Enviar a:

¿qué es esto?


Facebook ABC.es