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Sábado , 21-11-09
Circulan dos teorías sobre el ataque de histeria de Rubalcaba esta semana en el Congreso. La referida a Faisán según la cual el asunto podría estar a punto de ponerse tan feo como para acabar con su carrera política. Y la de su ambición de sustituir a Fernández de la Vega en la vicepresidencia que Zapatero le habría negado.
No niego la base de cualquiera de las dos explicaciones, pero hay una tercera bastante más sencilla, la que tiene que ver con el propip Sitel, con ese sistema que le permite ver y escuchar todo lo que hace Carlos Floriano y cualquier español que se cruce en su camino. En la radio y en la televisión, quiero decir, por supuesto.
Y es que el ministro de Interior sabe que el problema no es Sitel en sí mismo. El problema es él y su nula credibilidad para defender la seguridad o la necesidad de este sistema. Es Rubalcaba quien inspira miedo, no Sitel. O Sitel en manos de Rubalcaba. O de cualquier otro ministro del Interior con pocos escrúpulos en el futuro. Por lo que sobran esos esfuerzos del Gobierno por contarnos lo bien que le ha parecido al Supremo el sistema para cazar a varios grandes delincuentes.
Los temores producidos por Sitel no provienen de la caza de grandes delincuentes sino de la caza de la oposición y quién sabe si de los periodistas y de otros personajes incómodos para el poder. Sitel es ese sistema con el que los espías de Rubalcaba han realizado en el caso Gürtel infinidad de grabaciones sobre asuntos privados que nunca fueron destruidas y que han acabado en las portadas de determinados medios de comunicación.
Somos unos paranoicos, como gritaba Rubalcaba esta semana en el Congreso, ya sé, pero apuesto que habrá otra exhibición de vidas privadas en las portadas de periódicos cuando se revele el sumario restante de Gürtel. Todo ello obtenido por la Policía en la radio y televisión, faltaría más.
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