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Sábado , 21-11-09
A ver si nos ponemos de acuerdo al menos en algo. El final del secuestro del «Alakrana» es una buena noticia porque los pescadores han salido con vida del incidente, pero de ninguna manera puede considerarse un éxito. Al contrario. Conviene recordar esta obviedad porque, para disipar las críticas de la oposición (no únicamente del Partido Popular), el Gobierno se comporta como si el desenlace fuera algo de lo que todos, y por supuesto esa oposición tan mendaz y carroñera, deberíamos congratularnos.
Sostenía el otro día José Antonio Alonso que la mejor prueba de que el Gobierno había hecho las cosas bien es que, en ese momento, los pescadores navegaban en libertad hacia las Seychelles. Pero lo único que probaba ese viaje es que los piratas habían recibido su rescate en el tiempo y lugar convenidos. Nada de lo que congratularse. El Estado de Derecho ha sido incapaz de liberar a los marineros con sus instrumentos y ello constituye una sonora derrota. Del Gobierno, de la oposición y de todos nosotros, ciudadanos de un país puesto de rodillas por unos desarrapados. El jueves, Alonso volvía a repetir el mismo argumento, añadiendo el calificativo de «baja estofa» a la oposición que practicaba el PP. Quién lo diría de un hombre formado en la estricta aplicación de las normas.
La primera obligación del Estado, dicen, es garantizar la vida de sus ciudadanos, y ante esa responsabilidad palidecen otras consideraciones. Es mucho decir, pero admitámoslo. Siempre que reconozcamos al mismo tiempo que, para hacerlo en este caso, se ha debido pagar un precio muy alto, y no me refiero a los cuatro millones de dólares. Y eso a muchos de nosotros, ciudadanos de un país democrático, no nos enorgullece. Invoquemos la doctrina del mal necesario, del mal menor o del estado de necesidad. Pero no convirtamos en un éxito lo que constituye una denigrante claudicación.
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