El informe presentado por los técnicos regionales de Menores el día 18 en la vista por el quebrantamiento de la libertad vigilada el «El Rafita», uno de los asesinos de Sandra Palo, es elocuente: afirman que no se pueden hacer cargo del delincuente y piden que sea otra institución la que lo haga. Es más, asegura que «no hay posibilidades de que pueda vivir en una sociedad real» y que debe estar «seriamente vigilado».
Este documento, que se actualizó para presentarlo el día de la vista, habla, asimismo, de las continuas fugas de este joven asesino, hasta una quincena, en lo que va de año. También, como es evidente, del robo con fuerza del que se le acusa en un piso de Benalmádena (Málaga).
Y de su última escapada, en este caso, de la Costa del Sol a Madrid, supuestamente durante un permiso que le concedieron para acudir al entierro de un familiar. Eso ocurrió el pasado 24 de agosto, aunque no salió a la luz hasta el miércoles de esta semana. El informe, que versa sobre la conducta en general de «El Rafita», aconseja no darle ningún beneficio penitenciario y que esté «seriamente vigilado». En definitiva, la conclusión es que no existen posibilidades de reinserción para este individuo, que comenzó a delinquir a los 7 años y a los 14 participó activamente en el crimen de Sandra Palo.
Habida cuenta de estos hechos, ¿cómo se explica que este individuo se le permita fijar su residencia en Madrid, después de haberse escapado y asentarse, precisamente, a pocos kilómetros de la vivienda de la familia Palo?
Las fuentes consultadas por ABC califican de demoledor, catastrófico y absolutamente negativo el rosario de conclusiones de los técnicos de la Comunidad. Rafael García Fernández, a punto de cumplir los 22 años y conocido como «Pumuki», fue juzgado por la Ley del Menor y es el único de los cuatro participantes en el crimen que está en la calle; eso sí, en libertad vigilada, pese a todo lo relatado.
Este informe no hace más que confirmar lo que en anteriores ocasiones los especialistas han concluido sobre «Pumuki». Por ejemplo, en la sentancia de 13 de octubre de 2003, tras el juicio a los tres menores acusados del asesinato, sobre «El Rafita» se dice que «pertenece a una familia instalada en la marginalidad»; que ha crecido «en un ambiente carente de normas», con una «familia con historial delictivo»; es analfabeto funcional»; «la violencia y los hechos delictivos son valorados como atributos de poder y masculinidad».
Informes posteriores describían su carácter «agresivo, antisocial y hostil». Lo único positivo era que «El Rafita» había avanzado en carpintería y cuidado personal...