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Los belgas recuerdan que «Delors era también gris» antes de llegar a Bruselas
La elección de Van Rompuy al frente de la UE despierta un entusiasmo modesto
Hay muchas maneras de ver el perfil de la designación Herman Van Rompuy como presidente del Consejo Europeo. No es lo mismo para los belgas, que se debaten entre el orgullo de haber proporcionado a la UE su primer presidente permanentecon el temor a la crisis política que se les viene encima, que para la prensa sensacionalista británica, donde las críticas no han sido moderadas ni siquiera por el hecho de que la laborista Catherine Ashton haya sido nombrada, contra todo pronóstico, como Alto Representante y vicepresidenta de la Comisión Europea.
La radio privada belga RTL recordaba ayer que también en el caso de Jacques Delors se dio una designación «inesperada cuando era un personaje gris de la política francesa y después resultó ser uno de los mejores presidentes de la Comisión de la historia, al que se debe el mercado único y el germen del euro, mientras que Romano Prodi llegó con la aureola de un prestigioso primer ministro y tuvo una gestión mediocre».
Rasgo de buen humor
El «Times» de Londres recuerda que cuando diseñó este puesto, el ex presidente francés Valery Giscard d´Estaing «pensaba tal vez en sí mismo y le dio las formas para que fuera ocupado por un presidente francés o tal vez un primer ministro británico». En efecto, toda la prensa europea coincide en admitir que ha sido precisamente la renuncia de Gordon Brown a imponer a su predecesor, Tony Blair, para el puesto lo que facilitó el consenso y abrió las puertas a la baronesa Ashton.
Algunos extremistas del euroescepticismo como el «Daily Express» han recibido la noticia con escándalo: «la UE debería estar avergonzada, esto es una burla para la democracia», en alusión a los métodos seguidos para designar a los dos cargos. El propio Van Rompuy había respondido a esta interpelación hecha a bocajarro en su primera conferencia de prensa («¿Qué piensa de haber sido elegido con un método menos democrático que un presidente chino?») no sin agradecer con su característico buen humor «una pregunta tan sencilla y agradable», pero limitándose a mencionar «que es el método descrito en un tratado que democráticamente nos hemos otorgado los europeos».
Forjar consensos
Donde más se nota la verdadera naturaleza de la cumbre del jueves en Bruselas es en la comparación entre el despliegue de los diarios europeos ante la elección del presidente norteamericano y la de los diarios norteamericanos ante el nombramiento de Van Rompuy. El presidente de la Comisión, José Manuel Barroso, ya había aclarado que «la UE no es un país y no lo estamos construyendo y por eso tenemos una estructura institucional un poco más complicada», es decir, que aunque lo parezca, el todavía primer ministro del reino de Bélgica no será el presidente de Europa, sino el del Consejo Europeo, encargado de preparar las reuniones de jefes de Estado y de ministros con bastante talento como para se pongan de acuerdo más fácilmente.
En este sentido, este democristiano, creyente, que tiene un criterio muy firme en asuntos polémicos como por ejemplo el posible ingreso de Turquía en la UE (está en contra) ya advirtió que en su nuevo papel «mis opiniones personales no tienen la menor importancia».
Con razón los grandes diarios norteamericanos como el «New York Times» o el «Washington Post», han reservado un espacio discreto para la noticia, aunque contraste con el mensaje del presidente Barack Obama a los nuevos responsables europeos, en el que recuerda que «Estados Unidos no tiene un aliado más fuerte que Europa en la difusión de la libertad y la prosperidad en el mundo». Nótese que Obama se refiere a Europa y no a la Unión Europea.
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