| Real Madrid | Racing S. |
|---|---|
| 1 | 0 |
Real Madrid: Casillas, Arbeloa, Pepe, Garay, Drenthe, Granero (Diarra, m.85), Xabi Alonso, Marcelo, Kaká (Van der Vaart, m.88), Higuaín y Benzema (Raúl, m.60).
Racing: Toño, Pinillos (Henrique, m.60), Torrejón, Christian, Morris (Canales, m.60), Colsa, Lacen, Munitis, Serrano, Luis García y Tchité (Geijo, m.69).
Goles: 1-0, m.22: Higuaín
Árbitro: Rafael Ramírez Domínguez, del Comité Andaluz. Mostró tarjeta amarilla a Morris (m.53), a Munitis (m.71) y Lacen (m.90), del Racing y a Xabi Alonso (m.75) y Garay (m.77), del Real Madrid.
Árbitro: Rafael Ramírez Domínguez, del Comité Andaluz. Mostró tarjeta amarilla a Morris (m.53), a Munitis (m.71) y Lacen (m.90), del Racing y a Xabi Alonso (m.75) y Garay (m.77), del Real Madrid.
Incidencias: Encuentro correspondiente a la undécima jornada de Liga de Primera División disputado en el estadio Santiago Bernabeu ante unos 75.000 espectadores.
La intriga de las alineaciones, en lo que va de curso, ha sustituido al goce del fútbol en el Madrid. La confección pellegriniana es esperada para el debate, ya que es difícil esperar el juego madridista para el placer. Esta tómbola del «once» procura a veces estupendas amenidades. Ocurrió, por ejemplo, con el alcorconazo. La humanidad se soliviantó porque aquella noche no jugaron Xabi Alonso y Benzema, hasta entonces medio invisibles o medio silbados. Ahora resulta que todo el galactismo era para encontrar una alineación ideal contra el Alcorcón. Sobrecogedor.
Ayer sí que jugaron Benzema y Alonso, y no estuvieron mal. Tampoco el Madrid. La rueda de la fortuna trajo de vuelta a Granero —solo regular— y mantuvo en el banquillo a Raúl, titularísimo según Pellegrini, suplentísimo según los hechos y, según la historia, simplemente Raulísimo para los restos. Arriba, a Benzema le acompañó, como de costumbre últimamente, Higuaín. Ambos se hicieron apreciar.
Benzema gasta cuerpo de aizcolari, pero no se abre camino por la vida a hachazos. Ayer bajó a la sala de máquinas para probar algunas manivelas, regateó fino, discurrió por la banda o el área, estuvo bastante bonito por ahí. Hay quien dice que, cuando se pone a correr, no le gusta exagerar. Eso es una exageración. Anoche habría corrido incluso más si no lo hubieran segado con un penalti, que no se pitó. Y cuando se puso a correr para celebrar un gol que metió, el árbitro lo paró en seco anulándolo.
Higuaín se apresuró a marcar su gol, y por hoy no es preciso decir más. Antes, Xabi Alonso y Arbeloa habían rematado al poste. Fue un detalle del azar con ellos darles ese protagonismo. Alonso suple con sus fundamentos la falta de regate y agilidad. El Madrid gana densidad y orden con él. Arbeloa se ha obstinado en merecer un puesto fijo. Defiende y juega bien bien, y contribuye a habitar las bandas inhóspitas.
Todo esto dio un partido algo grato, sí, pero flojo de sal. El Racing no es ahora mismo lo que se dice resalado, y la sosería arraigó. Fue el Racing como su uniforme partido en dos, negro a la izquierda y verde a la derecha, incluso en las medias, una de cada color. Así fue su mitad y mitad: medio cegado y medio ecológico. No le hizo el Racing el menor daño a la naturaleza: ni a la humana —esos entrañables hombres blancos— ni a la herbácea, pues a esta pareció que ni la pisaba. Si alguna vez tuvo la osadía de presentarse verdinegro por el área, apareció Pepe y disolvió la manifestación. Y si Pepe no llegaba, ahí estaba el juez de línea con la represión: sin juego, sin gracia, sin apenas nada, el Racing alcanzó a marcar un gol, injustamente anulado cuando quedaba un cuarto de hora para el final.
El susto en las postrimerías ante un rival tan pobre dejó la consabida sensación de penuria en el Bernabéu. El Madrid no descansaría mucho anoche. Su velada no fue precisamente agotadora.







