
Dice Guardiola que no quiere «ni excusas ni lloriqueos», pero en mal momento le llegan las lesiones al Barcelona. A la ya sabida ausencia de Zlatan Ibrahimovic, aquejado de una elongación en los isquiotibiales que no debe impedirle estar presente el martes ante el Inter -el partido que realmente preocupa-, hay que sumar las bajas de Abidal y Touré Yayá, que han sido cazados por la gripe A. No estará ninguno de los dos esta noche en San Mamés (22 horas, La Sexta), frente a un Athletic sin Muniaín, pero con Llorente, Yeste y Toquero, ya recuperados.
Ambos jugadores guardan reposo en sus casas para que no se extienda el virus en un vestuario que vivirá una semana decisiva. Al margen de la cita de esta noche, los próximos siete días se presentan apasionantes con el futuro de la Liga de Campeones en juego y con un atractivo clásico en el Camp Nou. «Lo que hay que intentar es que se contagie el menor número de gente. Los hemos aislado y espero que lo superen», resumió Guardiola.
Henry pide la repetición
Quien sí que estará esta noche es Thierry Henry, que ayer reapareció con el grupo y, caballeroso por naturaleza, tendió la mano como es debido a Guardiola en su reencuentro. He aquí un francés y el arte de las manos, leyenda que le perseguirá hasta el final de sus días después de la instintiva trampa que empleó para acabar con la ilusión de Irlanda. Mientras se le caricaturiza a través de internet por tal tropelía, el Barcelona y Guardiola cuentan con él.
Con la boca pequeña, el francés ha pedido perdón para limpiar su imagen y asegura que nunca ha sido tramposo. Además, admite que lo justo sería que se jugara de nuevo el encuentro, que «sería la solución más equitativa». «No soy un tramposo y nunca lo he sido. Fue una reacción instintiva. Nunca he negado que controlé el balón con la mano. Se lo dije tras el partido a los jugadores irlandeses, al árbitro y a los periodistas», se defiende.
La FIFA dice que no
Sin embargo, la FIFA ya ha dicho que nada de repeticiones, que los árbitros son humanos y que se equivocan como todos. «Durante los partidos, los árbitros toman las decisiones, y dichas decisiones son inapelables», comenta el estamento. Le da la razón Raymond Domenech, quien no está dispuesto a pedir perdón por un error del que no se responsabiliza, Nicolas Sarkozy se disculpa con el primer ministro irlandés (Brian Cowen).




