Viernes
, 20-11-09
Ni el caso Faisán, ni el de Juana Chaos, ni el T4, con ser terribles, han hecho tanto daño a la imagen del Gobierno socialista como este del Alakrana. Si en todos ellos estaba en juego la razón de Estado, y lo estaba también el Estado de Derecho, y si en todos aparecía con claridad la mentira como método del Gobierno ¿qué ha tenido de especial el Alakrana?
A mi entender este caso se ha llevado la palma de los errores del Gobierno por la condición especialmente escandalosa que ha tenido desde el punto de vista de la imagen. Las televisiones oficiales y amigas no han podido ocultar o manipular los hechos y, de ese modo, no han podido echar una mano a Chacón, Caamaño, De la Vega ...y Zapatero. Por el contrario, las cámaras y las voces serviles de los locutores se vieron obligadas a filmar y dar cuenta de las contradicciones de los ministros, en definitiva a contar el inmenso disparate gubernamental, la mala gestión no sólo desde el punto de vista político sino técnico. «Un reality show» que ha durado nada menos que 47 días.
Pero el caso no ha terminado. Debe aparecer ahora el envés de la trama. El juez Pedraz ha comenzado a investigar, por iniciativa de la fiscalía, las relaciones de los intermediarios que han hecho posible el pago del secuestro. A partir de esos datos y de las responsabilidades que se deriven de ellos, podremos entender mejor las contradicciones que se dieron entre los componentes del gabinete de crisis. Por temor a esta segunda parte del Alakrana, Zapatero trató de quedar bien con Rajoy al agradecerle la colaboración con el gobierno que había venido manteniendo. Afortunadamente, este no ha caído en la trampa: ha exigido la reprobación de tres ministros lo que ha llevado a la vicepresidenta primera a una afirmación desvergonzada y delictiva: ha comparado a la dirección del PP con los piratas. Es la segunda parte del Alakrana.

