«Españoles… Franco ha muerto»
Franco en el feretro instalado en el Palacio Real
Actualizado Viernes , 20-11-09 a las 18 : 50
«Vivo en la Historia». Así anunciaba ABC la muerte del dictador un día como hoy hace 34 años. El resto de medios, también controlados por el régimen, hacían gala de su tristeza por el caudillo muerto: «En el amor de su pueblo», rezaba el diario «Arriba», mientras «La Vanguardia» hablaba del «Dolor de España por Franco»; el desaparecido «Ya» aseguraba que el espacio que pasaba a ocupar en la historia era «tan grande, que cualquier superlativo no haría más que empequeñecerlo»; el vespertino «Informaciones», por su parte, optaba por el «Silencio», y el «Nuevo Diario» por «seguir adelante», pues «en la historia de los pueblos todo está previsto, y sobre todo, la muerte de quienes los dirigen. Si no fuera así, los pueblos no tendrían historia y morirían con sus dirigentes».
Los diarios deportivos se olvidaron de los deportes: «Dicen...» hablaba de la muerte del «primer español» y «El Mundo Deportivo» publicaba fotografías del caudillo jugando al golf y pescando. «Televisión Española» consideraba, un día antes, que «el estado crítico de Su Excelencia el jefe de Estado aconseja la sustitución de los programas habituales de la noche» por noticias de última hora.
Eso ocurrió después del último comunicado en vida del Caudillo, donde se informaba de que, según el informe de los médicos de turno, Franco había entrado «en el periodo final».
Ya por aquel entonces un total de 130 enviados especiales extranjeros habían sido acreditados en Madrid, ante el Ministerio de Información y Turismo, para recoger los 56 partes médicos y los 115 comunicados facilitados durante la enfermedad del Caudillo.
Entre ellos, «Times»: «Después de Franco: esperanza y miedo», titulaba, para asegurar después que «la transformación del país permitirá una evolución democrática mucho más pacífica que en Portugal». Mientras, en un artículo publicado por el historiador británico Hugh Thomas, aquel día, se podía leer que era «un hecho innegable que bajo el gobierno de Franco, España se había transformado en un país moderno».
«Españoles… Franco ha muerto»
Arias Navarro anunciando a los españoles la muerte de Franco
Y las palabras por todos conocidas, y repetidas hasta la saciedad, de un Arias Navarro compungido y entrecortado, como a punto de llorar: «Españoles... Franco ha muerto. El hombre de excepción que ante Dios y ante la Historia asumió la inmensa responsabilidad del más exigente y sacrificado servicio a España ha entregado su vida, quemada día a día, hora a hora, en el cumplimiento de una misión trascendental. Yo sé que en estos momentos mi voz llegará a vuestros hogares entrecortada y confundida por el murmullo de vuestros sollozos y de vuestras plegarias. Es natural; es el llanto de España, que siente como nunca la angustia infinita de su orfandad».
En ese mismo instante, el presidente del Gobierno también leyó un mensaje que Franco había dejado escrito el día 17 de octubre, cuando asistió a su último Consejo de Ministros, convencido, para alegría de presos políticos, exiliados y habitantes que habían soportado la represión del régimen durante 39 años, de que su hora ya había llegado: «Pido perdón a todos, como de todo corazón perdono a cuantos se declararon mis enemigos, sin que yo los tuviera como tales. Creo y deseo no haber tenido otros que aquellos que lo fueron de España».
Pero su imagen ya estaba internacionalmente muy deteriorada tras la condena a muerte en septiembre de cinco miembros del FRAP, por la que hasta 15 países europeos retiraron a sus embajadores, produciéndose protestas y ataques a las embajadas de España en la mayoría de los países europeos.
Durante las cincuenta horas que estuvo abierta la capilla ardiente en la sala de Columnas del Palacio de Oriente, miles de personas pasaron a dar su último adiós a Franco, formándose colas de hasta algún kilómetro. Al sepelio, sin embargo, tan sólo tres jefes de Estado: el príncipe Rainiero de Mónaco, el rey Hussein de Jordania y Pinochet.
Y mientras la capilla ardiente estuvo abierta, un «plan de silencio» para honrar y respetar al jefe de Estado muerto, por el que en la zona de los alrededores al Palacio de Oriente no pudieron circular los coches entre el 21 y el 23 de noviembre.
Así acababa un periodo de nada menos que 40 años en la historia de España. «He permanecido más de tres horas, las primeras de la capilla ardiente del Palacio Real, cerca de los restos mortales de Francisco Franco. Tres largas horas preñadas de emoción», contaba el redactor de ABC que asistía al evento, perplejo de la emoción que allí se respiraba: «Se desvanecieron dos soldados que, con las armas a la funerala, dan guardia al Generalísimo», aseguraba.

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