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Pese a la ley del silencio que impera en el sector más marginal, algunos dicen haberle visto por la zona dura del tráfico de drogas. «Por ahí tiene familia...». Otros son amenazados, mientras le describen y dicen haberle visto a diario. «¡Calla, No digas nada!», espetan
«¿A quién buscáis? al violador de niñas?», inquiere un hombre moreno de unos treinta años de etnia gitana en lo más profundo de la Cañada Real Galiana, allí donde el camino asfaltado quedó varios kilómetros atrás y se convierte en un terreno plagado de desniveles y baches gigantescos.
«¿Cómo? Preguntamos por un payo jovencito, de unos 20 años más o menos, que vive con su abuelo y con unos familiares por aquí desde hace poco...», replicamos haciéndonos los «locos». «Sí, sí...», aseguran. Les suena a todos, pero se resisten, por la ley del silencio que impera en el sector más marginal de la Cañada y por el miedo de otros a saltarse las normas y tener problemas.
«¿Sois asistentes sociales?», inquiere otro hombre, mayor y canoso, junto al grupo de mujeres y niños que han abierto el portón metálico de chapa que oculta viviendas humildísimas y varios vehículos destartalados en su interior, sin que nadie haya tocado su puerta. Le explicamos lo que queremos.
Temen por sus hijas
Afirman que es el mismo. «Ya te lo dije antes. El desgraciado ese que violó y quemó a una chica. Hemos escuchado que se le ha visto por aquí hace tiempo, pero, en este tramo no ha estado. Nos conocemos todos y un payo llama la atención. Y encima ese. Que se atreva. Y si se le ocurre ponerle la mano encima a alguna de mis hijas... no respondo de mis actos», subraya.
Están al cabo de la calle del caso «El Rafita», el joven de 21 años, condenado a cuatro años de internamiento y otros tres de libertad vigilada, al ser uno de los cuatro autores del horrible asesinato de Sandra Palo, de 22, tras ser secuestrada,atropellada, violada y quemada viva. Los hechos ocurrieron el 13 de mayo de 2003, cuando el delincuente tenía 14 años, por lo que se le aplicó la controvertida Ley del Menor.
La madre de Sandra denunció que éste está fugado del piso tutelado de Málaga desde el pasado 24 de agosto.Se refugió en Madrid. En lugares familiares para él. Las mujeres se revuelven y dicen temer por sus hijas. «Aquí ya no está. Seguro. Con la que está cayendo se ha ido. Y que no vuelva. Habría que matar a ese violador», agrega el más joven, sentencia que comparte el resto.
El poblado es inmenso. Imposible conocer a todo el mundo en sus 15 kilómetros de extensión, sus 50.000 almas y más de 2.000 edificaciones de todo tipo y condición. Está dividido en sectores, una suerte de barrios organizados por nacionalidades y etnias: magrebíes, españoles, gitanos de origen español, y rumano... Ahí si es más fácil que la gente, al menos de vista, sepa quién es quién. «No está. Te lo digo yo. Buscarle en Alcorcón». Precisamente ese es uno de los lugares donde la madre de la víctima, María del Mar Bermúdez, afirmó el miércoles que estuvo previamente, así como en las Mimbreras, poblado en donde vivió hasta el crimen.
Unas mujeres dicen que se ha dejado ver por la zona dura del tráfico de drogas. «Por ahí tiene familia, a saber...», insinúa. Aquí todo son medias o veladas palabras. Por ese sector, el de Valdemingómez, pululan cada día un millar de toxicómanos en sus 5 kilómetros de extensión. Imposible obtener información, salvo ofrecimiento de drogas u objetos robados y decenas de miradas recelosas de los encargados del mortífero negocio.
La búsqueda sigue.
El objetivo es una roulotte, donde a Bermúdez le han dicho que se esconde. En una de ellas, una anciana incluso le describe como moreno, delgadito y es amenazada mientras dice que le veía pasar a diario hasta hace unos días. ¿Se quitaría de en medio por la vista del miércoles en donde se destapó su fuga?... «¡Calla, No digas nada¡», espetan algunas voces tras las puertas. Los rumores sobre su paradero no cesan.
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