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La UE salva la crisis con dos políticos de perfil bajo para los nuevos puestos clave
La prensa de Bruselas y la de Londres se habían intercambiado ataques en los últimos días, y al menos la opinión pública belga era muy sensible al hecho de que el Gobierno británico estaba vetando por tercera vez a un compatriota para alcanzar un importante puesto europeo. La solución que encontró la presidencia sueca fue un reparto salomónico entre ambos: el belga Herman Van Rompuy será el primer presidente permanente del Consejo Europeo, y la baronesa Catherine Ashton, la sustituta de Javier Solana como Alto Representante y vicepresidenta de la Comisión Europea.
La solución ha salvado una situación virtualmente caótica, a cambio de entronizar a un presidente del Consejo de discreto perfil, y a una responsable de la diplomacia europea sin mayor experiencia internacional que un año como comisaria de Comercio.
La clave de la designación de ambos empezó a descifrarse ayer con una reunión en la embajada austriaca, que se pretendía secreta, entre los jefes de Gobierno de los cinco países gobernados por partidos socialistas. No tenían más remedio que aportar un nombre para el puesto que habían reclamado. Cinco entre veintisiete son muy pocas voces, y pocas posibilidades para elegir. Pero en esa reunión, según fuentes diplomáticas, fue el británico Gordon Brown quien acabó poniendo sobre la mesa el nombre de Ashton, con lo que abandonaba su posición irreductible de apoyar a su predecesor, Tony Blair, como presidente del Consejo. Rodríguez Zapatero participó en esta cita, en la que reiteró que su ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, no entraba en liza.
Los cinco «grandes»
Una vez que los socialistas habían logrado definir su candidato para este puesto, que se supone que debe diseñar las líneas generales del despliegue diplomático de la UE y de una política exterior más pragmática y eficaz, se reunieron ya en el interior del Consejo los representantes de los principales países: Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia y España. Allí escenificaron con la presidencia sueca la existencia de una mayoría suficiente, en el caso de que hubiera sido necesario votar la candidatura de Van Rompuy.
Con esta táctica la cena fue «como una balsa de aceite», según fuentes del Consejo. Y antes de lo que esperaban, los presidentes estaban celebrándolo. Javier Solana se abrazó muy afectuosamente a su sucesora. Mientras, el primer ministro belga prefería la conversación con el presidente francés, Nicolás Sarkozy, que ha sido su principal mentor.
El presidente de la Comisión, José Manuel Barroso, participó en este Consejo porque el puesto de Alto Representante es también vicepresidente del Ejecutivo comunitario, y por ello era necesario su visto bueno. Barroso es seguramente quien más se alegra de que los dos elegidos hayan sido personalidades de «segundo nivel», que tardarán mucho en hacer sombra sobre las figuras tradicionales de la galaxia comunitaria. Francia y Alemania también habían apostado por un presidente del Consejo procedente de un país pequeño. Así fue.
Un mandato renovable
Van Rompuy tiene un mandato de dos años y medio, renovable una sola vez; es decir que en total no puede estar más que un periodo entero de la Comisión y el Parlamento europeos. La baronesa Ashton of Upholland vincula su nuevo puesto de trabajo al de Barroso. La sucesora de Solana deberá ser confirmada en el Parlamento Europeo junto a la Comisión.
Las manifestaciones de todo tipo -algunas hasta en la calle- que se han producido en las últimas semanas pidiendo que una mujer estuviera entre los elegidos, podrían haber decantado definitivamente la decisión sobre la nueva responsable de la diplomacia europea. Otros se preguntan por las razones por las que el actual ministro de Exteriores británico, David Miliband, cuya competencia ha sido muy elogiada, ha caído de la lista.
Brown fue el primero en felicitarse públicamente por los nombramientos, consciente de que el representante de un país euroescéptico va a estar al frente de una de las instituciones-clave en la UE. Como «premio»,el laborista dejará a un más que probable gobierno conservador sin margen de maniobra para introducir a personalidades de su confianza en Europa.
Van Rompuy y Ashton serán la nueva imagen de la Unión Europea ante el mundo, pero no desplazarán a los responsables de las demás instituciones comunitarias, como la Comisión -Barroso-, o el Parlamento Europeo, que preside Jerzy Buzek.
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