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El zarpazo de Maradona es el más célebre. Antes y después ha habido más timos hasta la mano de Henry
El acompañamiento manual de Thierry Henry quedará grabado en el disco duro del fútbol. El francés pidió perdón, al menos, por una acción flagrante, con la disculpa de que fue un reflejo instintivo. Otros, sin embargo, nunca se arrepintieron.
La mano de Maradona. Peter Shilton, el portero inglés, era quince centímetros más alto que Maradona. Pero el monarca del Mundial 86 también era el rey de la trampa. En el Inglaterra-Argentina de cuartos de final, el balón que tocó Valdano salió rebotado y elevado hacia el área británica, Shilton intentó atajarlo y apareció Maradona. El puño izquierdo pegado a su cabeza y el gol que sirvió para clasificar a Argentina para las semifinales. «Ha sido mano», le recriminaron al astro a la entrada del túnel de vestuarios. «Sí, la mano de Dios», replicó él. El sutil toque con la zurda engendró una profusa colección de historias literarias, letras de canciones y parodias.
El gol de Hurst. El eco del fútbol ha castigado a Geoffrey Hurst. Ha sido el único jugador en la historia que ha conseguido tres goles en una final de un Mundial. Sin embargo, las hemerotecas, páginas webs y el memorándum colectivo han registrado otro dato: Hurst marcó un tanto que nunca entró en la prórroga y que sirvió para que Inglaterra derrotase a Alemania y se proclamase campeón por primera vez. Actualmente es director de fútbol de la cadena de comida McDonald´s.
La agresión de Schumacher. En una memorable semifinal en Sevilla (Mundial 82, el naranjito), Toni Schumacher cometió una de las mayores tropelías que se recuerdan en una fase final. El portero alemán provocó un brutal choque fuera del área con Patrick Battiston. El defensa francés quedó inconsciente en el campo y fue evacuado en una imagen dramática. El árbitro ni siquiera señaló la falta. Schumacher, que debió ser expulsado, resultó decisivo en la tanda de penaltis y en la clasificación de Alemania para la final.
El gol de Míchel. En la época negra de la selección española, la de las maldiciones y el muro de los cuartos de final, el azar tampoco ayudó. El partido inaugural de España en el Mundial 86 le enfrentó a Brasil y Míchel consiguió un gol que nunca se computó como tal. Un zapatazo con la derecha que golpeó en el larguero y traspasó luego la raya. El árbitro australiano y su linier no lo concedieron y Brasil ganó 1-0 al combinado de Miguel Muñoz.
Corea, en su Mundial. Corea del Sur disfrutó de lo lindo en su Mundial (2002). Una nación sin pedigrí alcanzó las semifinales al eliminar a Italia (2-1) y España (0-0 y victoria en los penaltis) con decisiones arbitrales que le beneficiaron (gol anulado a Tomassi y el centro que no salió de Joaquín).
Tres amarillas para el mismo. El croata Simunic recibió tres tarjetas amarillas en el Croacia-Australia, en los minutos 61, 90 y 93. Fue expulsado después de la tercera. El error de Graham Poll no tuvo consecuencias porque la FIFA entendió que no afectó al desarrollo del partido.
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Mundial Sudáfrica 2010
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