El Ejecutivo desplegó medios pero no corrió el riesgo de hacer bajas ni entre los piratas
Las fragatas más modernas de la OTAN, homologadas con los grupos de combate naval de la Marina de los Estados Unidos, con experiencia para apoyar a los portaaviones norteamericanos desplegados en todo el mundo y con medios técnicos hasta para formar parte del futuro escudo antimisiles que se desplegará en el Mediterráneo. Así son los barcos de la serie F-100, como la «Méndez Núñez», que durante más de un mes ha estado dedicada a la vigilancia del «Alakrana» junto con la fragata «Canarias», esta algo inferior, de la serie F-80. El gráfico adjunto detalla el potencial del navío.
Los barcos de guerra más modernos de occidente se despliegan en la Operación Atalanta para impedir que los esquifes locales, de madera y cargados con bidones de combustible, secuestren mercantes, pesqueros y petroleros.
La «Méndez Núñez» y la «Canarias» han cumplido a rajatabla las órdenes recibidas de vigilar e informar sobre lo que ocurría, pero a distancia, descartando cualquier medida de fuerza porque el Gobierno se decidió desde el primer momento por avalar la negociación con el clan pirata y no poner nunca en peligro la integridad física de los marineros. Los militares desaconsejaron el asalto al barco porque había un alto porcentaje de que dieran bajas, pero los especialistas de la Infantería de Marina embarcados estuvieron listos para el abordaje desde el día 7 de octubre por si era necesario.
Lo más desconcertante es la actuación, o las órdenes, una vez liberado el «Alakrana». El helicóptero SH-60 de la «Méndez Núñez» podía hacer mucho más para detener a los 5 piratas que huían en el último esquife. Sus tiradores y la ametralladora de 12.7 milímetros, además del fuego primero disuasorio, podía haber disparado sobre la embarcación. La «Méndez Núñez» ni siquiera forma parte de la Operación Atalanta que fija normas restrictivas para abrir fuego, unas normas que los franceses, por ejemplo, interpretan a su manera: si no obedecen los piratas, tiran a dar.
La táctica habitual para detener a embarcaciones piratas es disparar hacia la proa sipara que se detengan. Si no lo hacen queda el recurso de que un tirador de élite haga blanco sobre el motor. En diciembre de 2002, en la misión Libertad Duradera y en aguas del Índico, un infante de marina español acertó a partir de un tiro un cable que impedía el asalto de un barco cargado con misiles Scud. Cuestión de órdenes.


