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James Boyle: «No debemos ver sólo los peligros de la red»
Actualizado Viernes , 20-11-09 a las 10 : 39
Si hace dos décadas nos hubieran ofrecido elegir entre una red en la que imperara el anonimato, la pornografía y el desorden, y otra perfectamente controlada, limitada y armónica, habríamos elegido la segunda opción. Pero el miedo a la ausencia de algún tipo de control habría hecho que nos perdiéramos algo tan fantástico como la World Wide Web.
Es el punto de vista de James Boyle (Escocia, 1959), profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Duke y experto en dominio público y en propiedad intelectual, que sostiene que las personas sufrimos una desviación cultural que nos induce a desconfiar de la apertura y a ver siempre la faceta peligrosa de nuestro entorno. Un problema que denomina agorafobia cultural.
Boyle es también un estudioso de los medios de comunicación que ha visitado España para participar como ponente en la Feria Internacional de Contenidos Digitales (Ficod), en donde ha impartido una conferencia sobre el papel que juega la agorafobia cultural en la evolución de las sociedades.
¿Son los periódicos «culturalmente agorafóbicos»?
No, no lo son de la forma en que he descrito este problema en mi charla. Ellos no temen la apertura, pero luchan por buscar el modelo de negocio que les permita continuar su recolección de noticias. Y la respuesta a esta búsqueda no es obvia.
¿Cómo cree que será la información dentro de quince años?
Algunas cosas serán mejor cubiertas informativamente que hoy. Por ejemplo, asumo que la población de Madrid tiene una gran formación, acceso a ordenadores y está comprometida con las escuelas de sus hijos. Creo que dentro de quince años habrá una mejor cobertura de las escuelas públicas y padres siguiendo los exámenes, recopilando información pública, preguntando al Ministerio de Educación y poniendo toda esta información en blogs. Y esta información será, en general, bastante mejor que la que tenemos ahora.
Este modelo puede aplicarse a otros muchos campos. Imaginemos, en Silicon Valley, a un montón de ecologistas y ‘techies’ recogiendo y analizando los datos de las agencias medioambientales, localizando las zonas de más polución, averiguando que hace el Estado al respecto y colocando esta información en mapas de Google.
Usted cree que la información del futuro tendrá más minería de datos
Exacto, la minería datos estará mucho más extendida. Esta información será buena y cubrirá lo que no cubren los medios locales ni nacionales. Pero ¿qué información no será tan buena?, ¿qué pasará con el reportero que lleva años cubriendo la información de Bagdad? Cuando se trata de sitios que están lejos, en los que además hay gente poderosa interesada en que no cuentes lo que pasa, donde hay dificultades técnicas y económicas, donde no existe una base amplia y formada de ciudadanos, hay que esperar un fracaso.
En el futuro no habrá sólo periodismo, sino una mezcla en la que una parte tendrá más voces, más hechos, y otra será más alocada, pero siempre existirán grandes huecos. Y la cuestión es cómo llenamos estos huecos. Y el único modo de llenarlos es la experimentación. Un ejemplo de esta experimentación son los muros de pago, que no creo que funcionen, pero me parece muy bien que se prueben. Sin embargo, los medios no están experimentando, sino intentado ilegalizar que Google enlace sus titulares, lo que me parece ingenuo.
¿Se refiere a Rupert Murdoch?
No tanto a Rupert Murdoch como a The Associated Press, que se siente robada por los agregadores, aunque son una parte minúscula de las pérdidas que sufren los periódicos. El verdadero problema de la copia ilegal es que no deja a los periódicos una forma legal de hacer dinero. Una posibilidad de futuro es dejar ciertas partes del periodismo en manos de otras áreas de la sociedad. Por ejemplo, si fuera un profesor de Derecho Penal en Salamanca, podría hacer un reportaje sobre el número de prisioneros liberados de las cárceles españolas, que sería muy bueno, detallado y objetivo. Pero habría que dejar este periodismo en manos de las universidades, organizaciones no gubernamentales, fundaciones o incluso del Estado. Soy británico y no tengo ningún problema con los medios estatales, mientras haya también medios privados que aporten competencia.
¿Cómo cambiarán las empresas informativas? ¿Cree que las organizaciones sin ánimo de lucro jugarán un papel más importante en la prensa?
Sí, junto con otros tipos de periodismo que todavía no conocemos. Creo que mucha gente no es consciente de que el periodismo se ha reinventado tres o cuatro veces en su historia. Hace años, una ciudad típica de Estados Unidos podía tener 12, 15 ó 18 diarios dirigidos a vecindades muy concretas, mantenidos por publicidad o por suscripción y que cubrían exhaustivamente la información local.
La llegada de las imprentas de gran capacidad y alta velocidad trajo consigo unos costes enormes que hoy en día sólo pueden soportar uno o dos periódicos por ciudad. Pero también llevó la información al centro desde la periferia: ya no podía ser tan de izquierda o tan de derecha, tenía que ser de centro. Porque los anunciantes no quieren que sus productos se asocien con temas extremos.
La prensa ha cambiado durante 200 años y el único problema es que nos entre el pánico, dejemos de experimentar y empecemos a decir cosas como “Hay que hacer Google ilegal”, porque cometeremos un error. Levanta muros, si quieres; cobra por información especialidada tres euros al mes, perfecto… Necesitamos experimentar con esto, pero Google no es el problema.
¿Cuál es el problema, entonces?
Hay un libro de Clayton Christensen titulado El dilema del innovador que plantea que cuando aparece un componente radical en una empresa, con un modelo de negocio diferente al general, nunca será capaz de desarrollarse por completo, porque el resto de la compañía lo verá como una amenaza. En este caso, el componente radical es el periodismo digital, y la empresa, el periodismo impreso.
Los sitios exclusivamente digitales suelen ser más imaginativos en la forma en que intentan construir comunidad e implicar a los lectores. Antes me preguntaba si los periódicos son culturalmente agorafóbicos y creo que pueden serlo en un sentido: siguen intentado reinventar el diario nacional financiado por publicidad y suscripciones. Y eso no va a suceder.
Hablaba antes de la información local: ¿No existe el riesgo de que un incremento en esta información produzca más “mentes locales”?
Totalmente. En inglés se llama “El peligro del Diario Yo”. Supongamos que sea usted de extrema derecha y odie la inmigración. Bien, pues tiene toda la información que quiera para apoyar sus ideas. Esta adaptación infinita, esta atomización, puede radicalizar las cosas. Mucha gente avisaba de este problema en los primeros tiempos de la World Wide Web y ciertamente algunas cosas han sucedido, como la proliferación de demagogos y extremistas. Está ligado a Internet, aunque gran parte se haya cocido en los medios convencionales, como los de Fox.
Pero siempre que la tecnología crea un problema, también aporta una solución. Cuando los medios de la derecha dijeron que Obama era musulmán y no había nacido en Estados Unidos, un bloguero encontró y publicó la partida de nacimiento del presidente, fechada en en Honolulu. Es decir, por un lado, hay más riesgo de enfermedad y por otro el sistema inmune es más fuerte.
Esto no quiere decir que no debamos preocuparnos, pero, y aquí vuelve otra vez la agorafobia cultural, no debemos ver sólo los peligros de la red.
¿Por qué el periodismo es a veces escéptico con la blogosfera?
Hace bien en serlo, porque es un mundo de opinión. Y podrían argumentarse dos cosas. Primero, que es peligroso, porque puede dar sesgo a la información; segundo, que la mayoría de sus opiniones comienzan en una historia que proviene de un medio convencional. Y ambas afirmaciones serían relativamente ciertas, pero incompletas. Porque también hay blogs que los medios tradicionales visitan como referencia informativa. Hay que experimentar nuevas formas de participación. Usar la ciudadanía para obtener pistas. ¿Cuántos experimentos así se están produciendo ahora mismo? La respuesta es: no los suficientes.
¿Qué sería lo primero que haría al crear un periódico?
Creo que lo primero es elaborar un mapa de las cosas que creo que funcionarían mejor o peor. Ser consciente de que muchas de ellas tendrán que ser externalizadas, para concentrar mis recursos en las cosas esenciales. Después buscaría instituciones que pudieran trabajar conmigo y que no comprometieran la integridad y la objetividad del periódico. Y hay más instituciones de las que pudiera creerse: universidades, museos, etcétera, que atesoran una gran cantidad de información
Por ejemplo, es muy difícil cubrir la información científica. Y como es muy difícil para los especialistas explicar su trabajo, se asume que es un problema del periodista. ¿Por qué no es problema también del científico? Si la gente no entiende la ciencia, nos encontraremos con situaciones absurdas como las de Estados Unidos, donde hay más gente que cree en el parto virginal que en la evolución. Es decir, es un problema de todo el país, del científico y no sólo del periodista. En definitiva, iría rellenando los huecos de mi mapa con instituciones que puedan ayudarme.
¿Cómo cree que afectará la evolución de la propiedad intelectual al periodismo?
La información es un área en que la propiedad intelectual ha jugado un papel marginal y se ha limitado al crédito de una noticia: conseguir una primicia. Creo que las nuevas licencias tendrán mayor impacto en la blogosfera, donde la gente quiere usar el contenido sin tener que preocuparse de que venga después un abogado. Cuando creamos las licencias Creative Commons, lo hicimos con el mantra de que el permiso para copiar estaba dado de antemano. Y es un modelo que funciona en la blogosfera.
Por último, ¿qué opina de los dispositivos de pretenden proteger electrónicamente la propiedad intelectual de los textos, como el Kindle de Amazon?
El problema del Kindle y de cualquier otro formato de protección electrónica es que siempre habrá alguien que encuentre el modo de apagar el interruptor que impide que tu contenido se vaya.
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