Jueves
, 19-11-09
MÁS bullicio que el día anterior en Santa Coloma... Lo de los vecinos convertidos en turbamulta para darle la bienvenida a la alcaldesa Núria Parlón fue una tarde de parchís de asilo comparado con lo de ayer en los cines de Barcelona. Bueno, no en todos los cines, sino en los que se estrenaba «La saga Crepúsculo: Luna Nueva», que es la segunda entrega de esa película de vampiros vegetarianos y molones.
Mientras los políticos del ramo y los vividores de la política del ramo se enredan en sus propias ecuaciones sobre el futuro del cine; viajan de aquí para allá a ver a quién le venden su burra, y discuten sobre la crisis del sector, las ayudas, los proyectos, las medidas, las dobleces y las tiranteces y castigos, un miércoles a las cuatro de la tarde (¡un miércoles a las cuatro de la tarde!), cientos y cientos de jóvenes decidieron que su plan para el día era irse al cine. No bajársela de Internet, no: irse al cine.
El estreno de la nueva película de la saga «Crepúsculo» fue ayer el gran asunto «cultural» de la ciudad, especialmente si usas faldilla corta de cuadros o tejanos caídos hasta el medio muslo. A esta película la harán fosfatina los críticos de pelo duro, la menospreciarán todos los «gafapasta» y aquellos que leen la prensa diaria y el libro del mes con la axila (ahí se colocan el tomo o el tabloide doblado, y lo van leyendo con cara mustia). Es lo que tiene el éxito, que suele ser muy mal incomprendido por los mustios.
Qué gran espectáculo éste de la película «Crepúsculo», y no me refiero a sus cualidades cinematográficas, pues ésta segunda entrega es flojita, sin el nervio y la sorpresa de la primera. El espectáculo no está tanto en la pantalla como en el patio de butacas.
En esa primera sesión, abarrotada de un público tan joven y tan invulnerable e inmortal como los propios protagonistas de la peli, se certificaba ante el mejor notario posible que el cine está más vivo que nunca, que tiene fuerza y chispa para concentrar tumulto a las puertas de la sala y emociones y entusiasmos dentro de ella, y que la cinefilia es una cama elástica sobre la que están deseando de tirarse en plancha las jóvenes generaciones... ¿Cuál es el problema?...
Se hace muy poco cine a su altura, que conecte con sus estados de ánimos y con ese imparable sentido del humor que se tiene hasta que, pasadas unas décadas, se avinagra. Durante esa primera proyección de «La saga Crepúsculo: Luna Nueva», a la que tuve el privilegio de asistir, la juvenil sala en pleno supo tomarse a broma y entre exclamaciones y risas algunos de los giros y apariciones de la fantasiosa película. Parecía un cine romano de Fellini. Seguían la trama con la voluntad inquebrantable de divertirse con ella, o a costa de ella, es igual.
Esa misma película vista en una sala con críticos, analistas y adultos avinagrados en general sería como una botella de champán abierta ayer. En fin, si alguien quiere ayudar al cine, sea catalán o de Vigo, pues que anime a hacerlo para aquellos que quieren divertirse viéndolo, que son millones.


