La Armada y los servicios de inteligencia aportan identidades y «modus operandi» del clan de los piratas para facilitar su seguimiento en el mar
El secuestro del «Alakrana» no es un caso cerrado con el pago del rescate como ocurrió con el «Playa de Bakio». Los 46 días de seguimiento por parte de la Armada, aunque fuera a distancia, y la «tutela» de la negociación por parte de los servicios de inteligencia han servido para identificar al clan somalí responsable del secuestro, conocer su «modus operandi» y «fichar» a buena parte de sus jefes y miembros.
Toda esa información reunida durante el secuestro ya ha sido clave en la fase final de la negociación. El Gobierno no ha accedido a la exigencia de la entrega previa de los dos piratas detenidos en España, un punto que los delincuentes presentaron como innegociable al bajar del pesquero, supuestamente, a un grupo de tripulantes. Era el proceder de anteriores operaciones delictivas acometidas: utilizar el pánico de las familias para presionar al Gobierno de turno y subir el precio del rescate.
Con los medios aéreos y embarcados que empleó la Armada, más las observaciones desde tierra, los servicios de inteligencia cuentan con imágenes y todo tipo de datos añadidos sobre los piratas, sus armas, sus sistemas de comunicación, sus medios de transporte, jerarquías y comportamientos. Los informes obran en manos de la «operación Atalanta» para ser compartidos por las fuerzas desplegadas en la zona.
En medios gubernamentales indicaron ayer que el hecho de que los secuestradores se dirigieran inmediatamente a tierra una vez satisfechas sus exigencias económicas impedía cualquier persecución o intervención inmediata. Queda por ver si en los próximos días los barcos de Atalanta, españoles o no, pueden aprovechar los datos recabados para perseguir al clan responsable del secuestro del «Alakrana» en el mar.


