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Miércoles
, 18-11-09 a las 18
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Los nativos digitales se desenvuelven a la perfección en Internet y dominan con mucho arte el lenguaje que se habla; términos como blog, Facebook o Twitter forman parte de su vocabulario diario. Luego estamos el resto de humanos digitales, adolescentes o maduros, que hemos tenido que viajar hasta el ojo del huracán aprendiendo a golpe de click y mucha paciencia. Pero la triste realidad es que la mayor parte de la sociedad sigue estancada en una cultura analógica que por momentos resulta alarmante y especialmente paradójica.
El diccionario de la Red, que recoge tanto el vocabulario refinado como el slang o argot, se engrosa cada día que pasa. La velocidad a la que todo circula es tal que siempre quedan cabos sueltos y algunos de los más importantes tocan aspectos legales. Uno de los ejemplos más recientes ha sido el de Rankia, donde se planteó el siguiente supuesto: ¿es un prestador de servicios responsable del contenido que introducen sus usuarios? El caso se ha resuelto con el fallo del juez a favor del acusado.
Este tipo de incertidumbres despiertan el miedo por lo desconocido y llevan a intensificar las medidas de control y seguridad en entornos como el P2P, donde todo indica que pronto se podrá monitorizar el tráfico y cortar una conexión sin previo aviso. Se divisa un modelo similar al de Corea del Norte, hermético y controlado, basado en la novela de Orwell, 1984. Parece que el “estar siempre conectados” poco a poco se traduce en el “estar siempre vigilados” cosa que, con la facilidad con la que aportan datos los internautas, no será una tarea complicada. Ya se puede incluso seguir la evolución de la gripe en tiempo real.
Al final lo importante es comprender el concepto de la Red. No hace falta usar todos sus servicios, sólo los necesarios y de una manera adecuada. Por ejemplo, Obama nunca usó Twitter pero entendió su potencial y el papel decisivo que jugaría en su campaña, al igual que otras redes sociales. El entendimiento y el sentido común son necesarios para vivir y trabajar en la red. Eso y las diez preguntas de Google.


