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España golea sin misericordia
AustriaEspaña
15
Austria: Greatzel, Garics, Dragovic, Scharner, Fuchs, Pehlivan, Holzl (Patocka, min. 49), Leitgeb (Baumgartlinger, min. 37), Jantscher (Latvak, min. 59), Wallner (Alaba, min. 67) y Janko (Hoffer, min. 62).
España: Casillas (Reina, min. 46), Ramos, Marchena, Albiol, Arbeloa, Xavi (Pablo Hernández, min. 46), Busquets (Iraola, min. 60), Iniesta (Gþiza, min. 46), Silva (Navas, min. 46), Cesc y Villa (Negredo, min. 46).
Arbitro: Florian Meyer (ALE). Amonestó con tarjeta amarilla a Wallner (min. 23) de Austria y a Busquets (min. 25) y Cesc (min. 84) de España. Expulsó por roja directa Pehlivan (min. 27) por una dura entrada.
Estadio: Ernst Happel.
España regresó al paraíso. Al antiguo Prater. Al escenario del éxito. Y Austria la recibió con la «Marcha Radetsky», la composición que cierra el concierto de Año Nuevo en la Ópera de Viena. Una pieza creada para agasajar las gestas del mariscal austríaco del mismo nombre. La mejor manera de glosar el éxito. También lo hizo la grada. Una fiesta.
Con tanto fasto, la selección entró desenchufada al partido. «Rara avis». Andando, calentando los músculos y moviendo la pelota a paso de Semana Santa. Nada que ver con el ritmo del último encuentro con Argentina. Ante tanto compadreo, los anfitriones se animaron a visitar a Casillas. Y en una de la llegadas el balón tropezó en Sergio Ramos para acabar dentro de la portería. Estalló la grada ante la incredulidad del resto. Sin embargo, España tiene una virtud que pocas selecciones poseen. Decide cuándo quiere jugar mal. Y cuándo quiere jugar bien. Es un don y una cualidad.
Lógicamente, con el marcador en contra, optó por la vía positiva. Las piezas del mecano comenzaron a moverse. Se desperezaron los jugadores de ataque y el tiovivo comenzó a girar. Y a correr. Dos minutos tardó la selección en cortar de raíz el efecto efervescente del tanto local. Silva conectó con Cesc y provocó el cortocircuito. Encorajinada, la campeona de Europa arrancó el recital.
Entonces todo discurrió deprisa. Y Austria se acordó de Maradona porque no veía la pelota. Taco y taco. Palo y palo. Pegar y pegar. Hasta que el colegiado se hartó. En el campo no estaba el señor Kelly. Pitaba el alemán Meyer y un austriaco acabó en la caseta antes del descanso por una entrada sobre Busquets, la diana perfecta de la noche.
Todo en su sitio enseguida
Por entonces, España ya había remontado la situación en otra combinación de Iniesta con Villa. El delantero del Valencia hizo un doblete antes del descanso para poner las cosas en su sitio. El «7» lleva treinta y cinco goles y se sitúa a nueve de Raúl. Antes del tercero, el equipo había bajado el nivel de juego para no incomodar al contrario. Era demasiado castigo para un país que se había mostrado amigo en todos los sentidos y ahora se veía con unos menos e intentando soportar el temporal de juego español.
Quedaba la segunda parte. La de los cambios. La de los hambrientos. La de oportunidades para los que buscan un hueco en la lista definitiva para el Mundial. Del Bosque hizo cinco cambios. Y la selección metió una marcha más al partido. Imposible para Austria. Cayeron otros dos tantos en un minuto. La misericordia de los jugadores que acabaron en la primera parte se convirtió en un reto para los recambios.
Jesús Navas pide a gritos una plaza en el Mundial. Y Pablo se lo pondrá complicado. También sirvió este espacio de bonanza para que el seleccionador probase algunas cosas. Jugó con dos delanteros y dos extremos. Y con Marchena de medio centro, que casi marca en un balón que se estrelló contra el palo. Imposible de valuar porque Austria era un muñeco roto en manos de un gigante.
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