Jean-Pierre Filiu, experto en islamismo, en un momento de la entrevista | FRANCISCO SECO
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Miércoles
, 18-11-09 a las 04
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Jean-Pierre Filiu, profesor asociado del Instituto de Estudios Políticos de París y uno de los investigadores más reconocidos sobre terrorismo islamista, presentó ayer en español su última obra, «Las nueve vidas de Al Qaida».
—¿Estamos ante el fin o ante un nuevo comienzo de la red islamista global de Bin Laden?
—Ha vuelto al punto de partida en Pakistán, donde nació hace 21 años y donde ahora está refugiada. El Once de Septiembre fue su apoteósis y el principio de su declive. La clave de su caída no ha sido tanto la guerra de Occidente como el rechazo progresivo de los musulmanes hacia ese tipo de violencia irracional.
—¿Estamos exagerando la importancia de Afganistán y el riesgo de perder esa guerra?
—No hay que confundir a los talibanes, que tienen un ámbito puramente local, con Al Qaida, que sólo tiene en Afganistán un centenar de milicianos. La auténtica guerra se libra en la vecina Pakistán, donde tiene su bastión Al Qaida y donde se libra la posibilidad de acabar definitivamente con la única red global «yihadista» si no queremos asistir a su renacimiento.
—¿Se olvida usted de Irak?
—No, en ese país Al Qaida ha sido derrotada. El cese de los ataques norteamericanos hizo que en 2006 y 2007 las fuerzas árabes, suníes y «yihadistas», dieran también la espalda al movimiento de Osama bin Laden.
—¿Fracasó entonces la estrategia de Bush?
—Sí, porque en 2002 Estados Unidos pudo haber acabado con Al Qaida en su bastión en Afganistán y en cambio decidió trasladar todos los recursos a Irak, para ir preparando la guerra con Sadam Husein. Además, la guerra congra el régimen iraquí dio a los seguidores de Bin Laden un nuevo argumento para reclutar fieles en todo Oriente Próximo.
—¿En qué fase estamos ahora del desarrollo de la red yihadista global?
—Estamos en la de la de la recuperación después del fiasco en Irak. Ya no controlan, como entonces un vasto territorio, pero siguen siendo muy peligrosos. Su nueva sede central está en Pakistán, en la zona fronteriza con Afganistán. El cerco se está estrechando, pero mientras no se decida una intervención militar terrestre no se acabará con Al Qaida.
—Parece muy optimista con la situación en Afganistán, cuando la Administración Obama ha decidido concentrar toda su energía bélica en ese país...
—Los talibanes no tienen voluntad ni capacidad para extender sus ataques terroristas más allá de las fronteras de Afganistán. Existen, es cierto, los talibanes paquistaníes y los de la red afgana Haqqani, que dan apoyo a Al Qaida en la provincia fronteriza de Waziristán. Pero, insisto, la guerra está en Pakistán.
— Washington no deja de pedir al régimen de Islamabad más energía. ¿Cómo ve al régimen paquistaní? ¿Es complaciente con Al Qaida como algunos han afirmado?
—El Ejército está librando la batalla en el sur de la provincia de Waziristán, pero el bastión de Al Qaida está en el norte. La estrategia del régimen es ganar la zona en teoría más fácil para debilitar la red y atacarla luego en su refugio, pero es absurdo tratar de combatir con sólo 35.000 soldados a una organización de elite de 10.000 milicianos. EE.UU. utiliza por su parte los aviones no tripulados, pero eso tampoco basta.
—¿Qué falla entonces?
—Un problema de objetivos estratégicos diferentes. Para Pakistán el gran enemigo no es Al Qaida, pese a la presión de Occidente, sino la India.
—¿Está atrapada la organización?
— Sí y no. A mi juicio lo más peligroso de la nueva estrategia de Al Qaida es ahora su penetración en todo el mundo a través de internet. Gracias a su capacidad de producir cada dos días vídeos y mensajes, se han lanzado a reclutar nuevos miembros para su red y a difundir técnicas de atentados. Ésa fuerza puede frenarse: durante el último 11-S, Estados Unidos pudo neutralizar a la red en internet durante cuatro días.
—¿Vive Osama bin Laden?
—El líder afgano Heqmatiar dijo hace un par de dias que Osama bin Laden está vivo. Por otra parte son muchos los que afirman que reciben instrucciones directas o indirectas de él. La pertenencia a la red Al Qaida se basa en un juramento personal a su líder, y tengo la sospecha de que el día que Bin Laden muera desaparecerá también la primera red terrorista global de la historia.


