
El presidente Barack Obama, a su llegada ayer al aeropuerto de Shangai | REUTERS
Procedente de Singapur, donde participó en la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, llegó anoche a China, la escala más importante de su primera gira por Extremo Oriente. Así lo demuestran los tres días que durará esta visita, que le llevarán hoy a Shangai y mañana a Pekín para entrevistarse con su homólogo chino, Hu Jintao, y con el primer ministro Wen Jiabao.
Sobre la mesa hay muchos y muy complejos asuntos. En su condición de superpotencia emergente, China está destinada a pugnar con Estados Unidos por la hegemonía mundial pero, en un mundo cada vez más globalizado, ambos países son, a la vez, socios y enemigos comerciales.
Buena prueba de estas difíciles relaciones económicas y diplomáticas es que la meca del consumo que es Estados Unidos -o al menos lo era hasta el estallido de la crisis- figura como uno de los principales clientes de la «fábrica global». Así lo atestigua su balanza comercial con el gigante asiático, que el año pasado registró un déficit de 268.039 millones de dólares (181.439 millones de euros) pese a la caída de las exportaciones por la reducción del consumo en Occidente tras la crisis.
Guerras comerciales
A este grave desequilibrio se suman las acusaciones contra el «dragón rojo» por mantener artificialmente infravalorada su moneda, lo que facilita sus ventas al extranjero, así como las recientes guerras comerciales desatadas por la subida de aranceles a las ruedas y paneles solares procedentes de China.
Por su parte, Pekín es el financiador de la Casa Blanca, ya que sus reservas de divisas, las mayores del mundo con 2,13 billones de dólares (1,4 billones de euros), guardaban el pasado julio 800.000 millones de dólares (541.495 millones de euros) en bonos del Tesoro emitidos por la Reserva Federal de EE.UU.
Consciente del ascenso diplomático y económico de China, Obama ha optado por el pragmatismo porque su imparable crecimiento, que este año será del 8 por ciento pese a la crisis, resulta crucial para seguir saliendo de la recesión. A ser posible logrando que las compañías americanas se beneficien del dinamismo de su vasto mercado. «Pero, aunque está creciendo mucho y seguirá subiendo, el consumo chino no tomará el relevo de Estados Unidos en dos o tres años, sino que tardará aún varias generaciones», advirtió a ABC el profesor John Quelch, de la Escuela de Negocios de Harvard.
Además, la mediación diplomática de Pekín se ha vuelto indispensable para solucionar problemas internacionales como la amenaza nuclear de Corea del Norte, las aspiraciones atómicas de Irán, la mejora de la situación política en la represiva Birmania o el calentamiento global.
«No buscamos contener a China, ni una relación más estrecha con Pekín significa un debilitamiento de nuestras alianzas bilaterales. Al contrario, la emergencia de una China próspera puede fortalecer al resto de países», ha manifestado estos días Obama, quien se ha proclamado como el «primer presidente americano procedente del Pacífico» por haber nacido en Hawai y pasado cuatro años de su infancia en Indonesia.
Apartándose aún más del unilateralismo de la anterior Administración Bush, que le llevó a enfrentarse con numerosos países por la guerra de Irak, el presidente norteamericano saludó «los esfuerzos de China por jugar un papel mayor en la escena mundial, un rol en el que su ascenso económico está acompañado de una mayor responsabilidad».
Derechos humanos
Estas alabanzas ya le han valido a Obama las críticas de los grupos defensores de los derechos humanos, que han denunciado su «olvido» de la represión china contra los disidentes y la situación en el Tíbet, afeándole además que no quisiera reunirse con el Dalai Lama para no airar al régimen de Pekín.
La gira de Obama concluirá el próximo jueves en Seúl, donde tratará con su homólogo surcoreano, Lee Myung-bak, el tratado de libre comercio pendiente o el programa nuclear norcoreano.


