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Actualizado Sábado , 14-11-09 a las 21 : 50
En un festival gratuito y multitudinario como el Womad, el público en su mayoría acude ignorante de las bondades y defectos de los grupos presentes en el cartel. La sorpresa, por tanto, debió de ser mayúscula anoche al ver a ocho músicos (algunos se alternaban en el escenario) vestidos con la ropa tradicional tuareg e iniciando una especie de éxtasis colectivo entre las primeras filas, ocupadas sobre todo por gentes de aspecto magrebí.
Se trata de Tinariwen, una banda procedente de Mali que ofrece una espectacular combinación de blues con la música del desierto. En la biografía de sus fundadores hubo un tiempo en que se confundían la guerra (la auténtica) con la música. Hoy, de forma pacífica, están conquistando un mercado europeo que parecía muy lejano (comparten espacio en las revistas especializadas con las luminarias del pop-rock actual). Su sonido monocorde y guitarrero tiene un alto componente hipnótico, como se pudo comprobar en el Parque Santa Catalina, donde se dejó sentir esa magia envolvente. El disco que presentaban, “Imidiwan: Companion”, es de esos que reciben lluvias de estrellitas en los medios, y que en directo despliega todo su poder magnético. El concierto padeció, en sus primeros compases, un apagón de luces de unos minutos, pero ellos continuaron como si tal cosa. Al final hasta hubo lugar para un rap, cantado en francés.
Pero antes de la aparición de esta impactante formación, tuvo su oportunidad Laura Vane & The Vipertones. Había creado expectación su presencia por la fama que le precedía, y eso que solo tiene un álbum publicado, “No word”. Hasta ahora ella había trabajado para otros artistas, y este debut ha servido para mostrarnos a una cantante de soul arrolladora. Acompañada por una solvente banda (The Vipertones) con aspecto cool, Laura Vane sabe combinar el r&b clásico con un aire sumamente moderno, y con una voz potente y abrasadora. Saltaron a escena con energía y lograron transmitirla. Terminaron con su single “Steam”, una canción capaz de incendiar la pista de baile y que debería hacer despabilar a Amy Winhouse.
También supo seducir al público Jairo Zavala con su proyecto Depedro. Acompañado por uno de los miembros de Calexico, Martín Wenk –que se lo debe estar pasando en grande al lado del español-, expuso su sonido fronterizo que incluye canciones propias -“Como el viento” es siempre la más coreada-, y versiones como “La llorona” o “Comanche”. Todas ellas pueblan un disco que representa su lanzamiento en solitario y que poco a poco va ocupando el lugar que se merece dentro del pop español, con una fusión alejada de los ritmos manidos que suelen invadir al mestizaje patrio.
Una de las primeras en hacer su aparición anoche, desde uno de los escenarios secundarios, fue la artista de Zimbabwe Chiwoniso, que ofreció un emocionante recital despojado de artificio. Muy diferente de los brasileños Forro in the Dark, con una festiva y bailonga propuesta que fusiona sin recato el “forró”, un tipo de danza de su tierra, con el rock. Literalmente, el suelo se movía siguiendo los saltos del público.
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