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Obama rechaza todas las opciones ideadas por sus asesores para Afganistán
El embajador Eikenberry (en el centro), con un grupo de soldados | AFP
Tras celebrar un octavo cónclave en la Casa Blanca para definir una nueva estrategia en Afganistán, el presidente de Estados Unidos dio a entender ayer que no está satisfecho con ninguna de las opciones militares barajadas por su plana mayor de seguridad. Ante el dilema de enviar más tropas, Obama se estaría planteando hasta qué punto es posible confiar en el gobierno de Afganistán para darle la vuelta a una guerra en la que el enemigo ha recuperado la iniciativa tras ocho años de combates.
A pesar de todos los reproches sobre titubeos injustificados por parte de militares retirados y miembros de la Administración Bush, la Casa Blanca desmintió que se haya alcanzado una decisión sobre niveles de tropas, recalcando que no habrá disculpas por tomarse todo el tiempo necesario dentro de un proceso de deliberaciones iniciado hace dos meses. Apuntó además que, por lo menos, habrá que esperar hasta finales de noviembre para conocer la que se considera como decisión más relevante del presidente Obama en materia militar.
Nociva dependencia
Dentro de este intenso debate habrían pesado dos recientes informes redactados por el máximo representante diplomático de Estados Unidos en Afganistán, Karl Eikenberry. Esas comunicaciones, teóricamente confidenciales pero divulgadas ayer por todos los grandes periódicos americanos, cuestionan y rechazan el despliegue de tropas adicionales para apuntalar al gobierno del presidente Hamid Karzai, al que se califica como débil y corrupto.
El embajador Eikenberry, con anterioridad general a cargo del frente afgano, estaría argumentando que no debe enviar ni un soldado más hasta no obtener cambios tangibles por parte del gobierno de Karzai, que la semana pasada tomó posesión para un segundo mandato de cinco años. Sin importar los rampantes indicios de fraude en las elecciones de agosto y todos los fiascos de una gestión que ha terminado por envalentonar a los talibanes y a sus aliados de Al Qaida.
Según Eikenberry, enviar miles de soldados de EE.UU. no servirá más que para aumentar una nociva dependencia del gobierno de Afganistán. Precisamente en el momento en que las fuerzas de seguridad a las órdenes de Kabul deberían estar asumiendo un mayor protagonismo. Esta cuestión parece pesar especialmente en el presidente Obama, que durante las deliberaciones en la Casa Blanca está insistiendo en determinar cuándo será posible retirarse de Afganistán.
Antes de partir para una gira de una semana por Asia, Obama ha ordenado una revisión de todas las opciones militares contempladas. Con un especial énfasis en clarificar cuándo será posible transferir responsabilidades al gobierno de Afganistán, como está ocurriendo en Irak. Su deseo es formular una clara estrategia de salida y dejar claro que el compromiso de Estados Unidos en Afganistán tiene límites y final.
Los argumentos del embajador-general Eikenberry, en contra de su deseo inicial de no interferir en cuestiones militares, habrían resultado especialmente chocantes para el Pentágono y el general McChrystal, actual comandante en Afganistán, que viene advirtiendo de una derrota si Washington no despliegue decenas de miles de soldados adicionales. Además, el gobierno de Karzai habría exigido inmediatas explicaciones sobre las aseveraciones del embajador de Estados Unidos.
En un ambiente de relaciones cada vez más tensas, la frustración con el gobierno afgano se estaría contagiando de forma muy poco disimulada entre los altos cargos de la Administración Obama. Sobre todo después de que, en tono desafiante, el presidente Karzai haya criticado que Afganistán tiene muy poco interés para Occidente, que el esfuerzo de las tropas de la OTAN sólo sirve a motivos interesados y que la presencia de Naciones Unidas es bastante irrelevante.
En el telediario de la cadena PBS, la televisión pública de Estados Unidos, Hamid Karzai denunció la semana pasada que «Occidente no está aquí primariamente en beneficio de Afganistán». A su juicio: «Se está aquí para luchar contra el terrorismo. Estados Unidos y sus aliados vinieron a Afganistán después del 11 de septiembre. Afganistán también tenía problemas infernales antes de eso. Y nadie se ocupó de nosotros».
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