En su primer viaje internacional tras ser nombrado Premio Nobel de la Paz, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, llega hoy a Asia en una gira trascendental para los intereses diplomáticos de Washington.
Su primera escala es Japón, que estos días celebra a bombo y platillo el 20 aniversario de la coronación del emperador Akihito. En Tokio, además, tiene previsto reunirse con el nuevo primer ministro, Yukio Hatoyama, que pretende acabar con la habitual subordinación nipona a las órdenes de la Casa Blanca y centrarse más en Asia.
Para empezar, Hatoyama retirará la ayuda que los barcos nipones prestan en el Océano Indico a EE.UU. para la guerra de Afganistán. A cambio, Japón ha prometido fondos por valor de 5.000 millones de dólares, pero las verdaderas discrepancias giran en torno a las bases de Okinawa, a 1.600 kilómetros al sur de Tokio.
Los marines de Futenma
En virtud de un acuerdo suscrito en 2006, la base de marines de Futenma, en pleno centro de la ciudad de Ginowan, iba a ser cerrada y trasladada a unas nuevas instalaciones construidas en terrenos ganados al mar en Henoko, una parte más remota y menos poblada de la isla. Pero los grupos ecologistas se oponen por el alto valor medioambiental de la zona.
Dicho plan, que prevé la marcha de 8.000 soldados americanos a la isla de Guam, forma parte del redespliegue de las tropas de EE.UU. en el Pacífico, ya que más de la mitad de los 47.000 marines que permanecen en Japón desde el final de la Segunda Guerra Mundial se encuentran en Okinawa.
Sin embargo, el traslado de la base ha sido muy contestado por la población local, que exige el cierre de Futenma y la salida de las tropas norteamericanas. Entre los motivos, destacan el ruido y la contaminación que provocan los aviones militares en una zona densamente poblada como es Ginowan, así como el riesgo de accidentes y la proliferación de enfrentamientos entre los residentes y el personal de la base.
En 1995, los vecinos de Okinawa reaccionaron con rabia tras la violación de una escolar por parte de tres soldados estadounidenses. Las voces pidiendo la clausura de la base se intensificaron en 2004 tras el accidente de un helicóptero militar en unos terrenos de la Universidad.
«Yankees, go home»
«Insto al primer ministro Hatoyama a que le diga al presidente Obama que Okinawa no necesita más bases americanas», propuso el alcalde de Ginowan, Yoichi Iha, en una manifestación que congregó el pasado domingo en un particular «Yankees, go home» a 21.000 personas. Los habitantes de la isla, que el Ejército de EE.UU. devolvió a Japón en 1972, no quieren el traslado de la base, sino su cierre definitivo. Una patata caliente para el nuevo Gobierno.
Tras su paso por Japón, Obama se trasladará mañana a Singapur, donde participará en la cumbre del Foro de Cooperación Asia-Pacífico (APEC). El domingo llegará a China, donde permanecerá tres días antes de concluir el miércoles su gira asiática en Corea del Sur.


