Valoración:
Jueves , 12-11-09
Todo debería ser más sencillo, pero nos empeñamos en complicarlo. A pesar de los cuarenta años de Barrio Sésamo todavía no hemos aprendido las enseñanzas de Coco: «arriba, abajo», «dentro, fuera». Resolver un secuestro, como el del «Alakrana» no es fácil papeleta y el Gobierno hace bien en pedir prudencia a todo el mundo, pero no se olvide que antes se cometieron errores, tal vez en un afán por apuntarse tantos. Se alardeó de la detención de los dos piratas, que podía haber sido una baza importante en la negociación para liberar a los pescadores, y ahora se intentan buscar formulas que retuerzan las leyes para encontrar una salida, que ojalá resulte buena para los secuestrados, pero que desde luego no será nada honrosa.
La imagen exterior de España no va a salir fortalecida de este episodio. Esa «marca España» que queremos vender por ahí empieza a tener perfiles cada vez más nítidos y preocupantes. Si hay un secuestro, los españoles somos de los que pagamos y no estamos dispuestos a pegar ni un sólo tiro contra los delincuentes, no vaya a ser que se estropeen los principios fundacionales de la Alianza de Civilizaciones. Somos los que salimos zumbando de Irak o nos vamos de Kosovo sin dar tiempo al resto de los aliados a hacerse cargo de la nueva situación. Somos los que coqueteamos con un Hugo Chávez que aumenta su escalada de proclamas belicistas. Somos los valedores en Europa de un régimen como el castrista que, lejos de hacer unas mínimas reformas democratizadoras, endurece la represión sobre la disidencia, como acaba de sufrir en sus carnes la bloguera Yoani Sánchez.
Si a esto se añaden otras brillantes actuaciones del Gobierno en política exterior y los casos de corrupción en los que se ven involucrados todos los partidos políticos, la imagen que estamos dando «dentro» y «fuera» no puede estar «arriba» sino «abajo».
Valoración:

Enviar a:

¿qué es esto?


Más noticias sobre...