
Un joven escarabajo Neochlamisus platani, con su coraza de excrementos / Christopher Brown
Actualizado
Martes
, 17-11-09 a las 16
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Seguramente, si usted fuera una araña o un grillo con fuertes mandíbulas y el estómago vacío, saliera de caza y se encontrara en su camino una pelotita de excrementos, arrugaría el morro (es un decir) y se alejaría en busca de alguna presa apetecible. Es razonable, lo mismo haría en esas circunstancias cualquier insecto depredador, pero acaba de perderse una auténtica golosina: un escarabajo Neochlamisus platani. Científicos han descubierto que este tipo de animalillo, común en todo el mundo, se protege a sí mismo con una armadura hecha con sus propios excrementos, una excelente defensa que despista y repele a sus enemigos.
Las hembras de esta especie acostumbran a construir recipientes con forma de campana hechos con heces sobre sus huevos inmediatamente después de ponerlos. La técnica es muy elaborada. Los insectos comprimen fragmentos de sus excrementos en unas placas planas cuadradas que después se colocan una sobre otra sobre el huevo. Según explica Daniel Funk, ecólogo evolutivo de la Universidad Vanderbilt en Nashville, cuando estos huevos eclosionan, las larvas asoman la cabeza y las piernas a través de sus especiales armaduras y continúan con ellas puestas mientras son jóvenes. Incluso las amplían con sus propios desperdicios biológicos para adaptarlas a su crecimiento. Cuando se hacen adultos, cortan la coraza con sus propias mandíbulas.
Expuestos al peligroPara descubrir el fin de estos particulares cascos, los científicos expusieron a los escarabajos, de unos cuatro milímetros de largo, a tres tipos de depredadores, cada uno con una estrategia diferente de ataque: una chinche que utiliza su boca con forma de pico para perforar a sus víctimas y chupar sus fluidos corporales; un grillo común, que posee fuertes mandíbulas para masticar; y una araña lince verde, un enemigo que se sienta a esperar a su víctima para luego inyectarle fluidos digestivos y devorarla.
El experimentó demostró que la armadura fecal funcionaba de maravilla. Muchas veces, los carnívoros ni siquiera investigaban qué había dentro del «cocoon», pues parece poco probable que semejante cosa esconda una suculenta cena. «Estos casos demuestran la enorme creatividad de la naturaleza a través de la selección natural», ha afirmado Funk. El estudio aparece publicado en la revista Animal Behavior.


