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Fue el jefe de la Cancillería de Helmut Kohl, durante la apertura del Muro y la reunificación de Alemania. Horst Teltschik relata a ABC la perplejidad ante Mitterrand y Thatcher y que la mismísima URSS se hubiera declarado insolvente sin ayuda alemana.
-Cuando salió con el canciller aquella tarde para Varsovia ¿no iban desorientados?
-Es buena muestra de que no teníamos ni idea de lo que iba a pasar esa noche en Berlín. El viaje, un viaje estratégico, era el primer reconocimiento al nuevo gobierno democrático de Solidaridad.
-¿Berlín le aguó la fiesta a los polacos?
-Lo recibieron perplejos, pero también fueron sensibles a que pasaban a un segundo plano. Entonces, incomunicados con Bonn, Mazowiecki, Geremek y Walesa nos tenían informados a nosotros. El problema es cómo reaccionábamos ante la prensa, sin información propia alguna. Cuando al fin hablamos con Berlín nos dijeron que los diputados se habían levantado y cantado el himno en sus escaños, estábamos conmocionados. Walesa fue el primero en hacer rápidamente la relación adecuada y pronunciar la palabra «reunificación».
-¿Ustedes no?
-¡No! El canciller escuchó con benevolencia, pero nadie habría ido hasta ese supuesto. Para Kohl fue difícil explicar a la prensa y a los polacos que se volvía a Alemania. Me crucé con Walesa y me espetó: ¡Se lo dije! Agregó que Polonia pasaría a segundo plano. Pero Kohl le prometió que volvería y volvió.
-¿No vieron el fin?
-Más tarde. Tras la caída y hasta enero, todo nuestro interés, y el de Bush y Gorbachov, era evitar caos y provocaciones, que ningún policía se descontrolara y abriera fuego... habría podido acabar en guerra civil. Y Moscú era crucial: por el ministro Shevardnadze he sabido que en enero aún se planteó una intervención del ejército.
-¿Cuándo vio la reunificación?
-Por primera vez en una conversación con un periodista soviético muy del régimen. Sus sorprendentes preguntas me revelaron que Moscú evaluaba ya esa posibilidad. Así que le dije al canciller que, si eso pensaba Moscú, era hora de que él encabezara ese movimiento. Y lo hizo con su discurso de los 10 puntos.
-Pero ¿y la nomenklatura de la RDA?
-El 19 de diciembre, una entrevista en Dresde con el jefe de gobierno Modrow le demostró que éste no sabía ni la ruina a que estaba abocada la RDA ni cómo resolverla. Le dije al canciller que se olvidara de Modrow. El resto lo puso el júbilo de la gente de la RDA, que ya iba por delante con la idea de una Alemania unida.
-¿Quiénes fueron los determinantes?
-Hubo desarrollos paralelos. El coraje de Solidaridad en Polonia, nuestra sintonía con Hungría, que como dijo el canciller quitaron la primera piedra del muro, la perestroika de Gorbachov en la URSS que abolió la doctrina de injerencia, sin todo ello no hubiese caído el Muro. Y el descomunal recibimiento al Papa en Polonia declaró la bancarrota del comunismo. Todo ello nos dio garantías de que Moscú no invadiría. Pero Shevardnadze ha revelado que, aún antes, fue la contraoferta de desarme de la OTAN (1979) y el subsiguiente «escudo» de Reagan el que cambió el modo de pensar en Moscú.
-¿Los alemanes no hicieron nada?
-Políticamente poco, la Iglesia jugó un gran papel social pero los del socialismo humano estaban ya trasnochados. El gran aporte de los germano-orientales fue huir: 120.000 germano orientales habían huido ese año, 40.000 más oficialmente.
-¿Y la política de pequeños pasos de la RFA?
-Pese a su estado, el régimen de Honnecker era muy correoso, pero buscamos el diálogo, lo invitamos a Bonn, le prestamos. Eran pequeños pasos que aliviaban realmente la reunificación familiar, la vida de los presos y, lo más importante para nuestra política: el sentimiento de pertenencia entre los dos estados.
-¿Hizo más la economía?
-Sabíamos que el mercado del Comecon ya no funcionaba, ayudábamos a la RDA incluso comprándole prisioneros, les dimos un crédito de 2.000 millones, también a Hungría y ya, en 1990, dimos 240 millones de marcos a la propia URSS para alimentar al país y organizé con el Deutsche y el Dresdner Bank un crédito de 5.000 millones porque a finales de junio la URSS hubiera declarado insolvencia. El problema es que una dictadura siempre puede aguantar.
-¿Compraron el destino de Alemania?
-Fue el reproche a Gorbachov, pero no es así. En total habremos pagado 20-25.000 millones, pero mucho eran créditos a devolver o que nos convenían, pero comprenderá que fue un coste ridículo para un éxito político tal.
-Vd encaminó el plan de 10 puntos ¿porqué evitó a toda costa la confederación?
-Lo que dije a Kohl es que había que ponerse al frente de lo que ya estaba en marcha, que era la reunificación. Los 4 primeros puntos gustaban a Modrow, pero evitamos la palabra confederación porque es un nuevo status quo, mientras que «estructuras confederativas» era un proceso abierto... hacia la reunificación.
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