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Ryuichi Sakamoto: «Me siento mejor cuanto más envejezco»
EFE Ryuichi Sakamoto, ayer durante la presentación de su concierto
Habla Riuychi Sakamoto en mezzopiano, que pasa a mezzoforte cuando sonríe. Pero no pasa de ahí. Se le adivina melancólico -«estoy en el otoño de mi vida», asegura-, y algo de eso está reflejado en su último disco, «Out of noise», publicado en España por Decca conjuntamente con un anterior trabajo suyo, «Playing the piano». El Teatro Circo Price acoge hoy, dentro de la programación del festival de Otoño, la actuación de uno de los músicos más singulares y aplaudidos de las últimas décadas. El concierto, según el propio Sakamoto explicó ayer, incluye en la primera parte los temas de su último trabajo discográfico, para realizar después un recorrido por su amplio repertorio. «Cada concierto es diferente -reconoció el músico-; yo me aburro enseguida, me canso muy pronto, y no podría tocar todas las noches lo mismo. Tengo una lista de unas cincuenta piezas y según me inspire el público y el lugar dónde esté, incluso puedo improvisar. Aunque no faltan, claro, temas como los de «Feliz navidad, Mr. Lawrence» o »Tacones lejanos»».
La música de cine ha sido uno de los campos que mayor popularidad ha otorgado a Sakamoto: «El cielo protector» y «El último emperador» son probablemente (junto con las anteriormente citadas) las más destacadas. Cuando concluya la gira volverá a este mundo y compondrá la banda sonora de la película «Norweggian wood», de Anh Hung Tran; antes compondrá un concierto para koto y orquesta. «Es un instrumento tradicional japonés de diecisiete cuerdas, y este trabajo supone un gran reto para mí».
Dice Ryuichi Sakamoto que «Out of noise» refleja su estado de ánimo, pero cuándo se le pregunta cuál es ese estado de ánimo baja la cabeza, sonríe con timidez y se excusa: «Es difícil describir lo que siento con palabras; yo me expreso a través de mi música, y no soy amigo de explicarla, porque eso limita la imaginación del oyente. Espero que quien escuche mi música sepa lo que siento al componerla».
Asegura el compositor que «me siento mejor cuanto más envejezco; soy mejor artista, tengo mayor riqueza que cuando era joven... Quizás esté loco. Decir que estoy en el otoño de mi vida no es algo negativo. En esta etapa experimentamos la pérdida de seres queridos o de gente a la que admiramos, y eso me hace sentir triste; pero también es algo que me hace reflexionar, y eso me lleva a ser mejor».
Escucha, dice, mucha música de todo tipo -«salvo country, nunca he conseguido sentir nada con ella»-. Sigo teniendo una gran curiosidad. Compongo siguiendo esa curiosidad y escribo aquello que me interesa».
Las nuevas tecnologías han sido siempre un santo y seña del músico japonés, que se siente privilegiado de que la gente siga pagando por ir a sus conciertos. «Hoy en día es casi imposible vivir de la venta de discos, y lo que me preocupa de la situación es que pueda haber artistas con talento que dejen la música porque no puedan vivir de ella». «Lo que no podemos -añade- es vivir sin tecnología. En Japón la mayor parte de la música se escucha a través del móvil; es una realidad y como tal hay que aceptarla. Aunque espero que esta civilización no dure mucho más y que hagamos este mundo más ecológico». Y se mostró muy satisfecho cuando le dijeron que en solidaridad con su causa a favor de los árboles no se había distribuido nota de prensa en papel.
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