David Monteagudo, de la fábrica a la novela apocalíptica y triunfal
David Monteagudo
A las dos de la tarde tiene que enfundarse el mono de faena para fichar en una fábrica de cajas y cartones de Vilafranca del Penedés, pero hasta ese momento lo que lleva puesto es el traje de escritor. En realidad, ni siquiera entonces se lo quitará. Quizá siga pasando desapercibido -«estoy completamente camuflado, ya que en la fábrica nadie lee las páginas de cultura», bromea- pero, ¿dejar de ser escritor? Eso nunca. Y es que, desde que descubrió su vocación literaria, David Monteagudo (Viveiro, Lugo, 1961) no ha dejado de escribir. Diez libros en ochos años, para ser exactos.
Escribía sin parar, sí, pero no publicaba. Y entonces pasó lo impensable: uno de sus manuscritos cayó en manos de Jaume Vallcorba, editor de Acantilado, y Monteagudo pasó de escritor invisible a debutante de éxito en apenas unas semanas. «Siempre he tenido muy claro que me jubilaría en la fábrica, pero ahora que ya vamos por la segunda edición del libro no sé qué pensar», bromea Monteaguado. Su «primera» novela, «Fin» (Acantilado), salió a la venta hace un mes, y, desde entonces, no ha dejado de cosechar reseñas elogiosas y comparaciones a discreción con Albert Sánchez Piñol y Cormac McCarthy.
Con este último comparte el adjetivo «apocalíptico», aunque reconoce no haberlo leído. Aún así, el autor de «La carretera» es uno de los primeros nombres que vienen a la cabeza a la hora de describir esta historia de antiguos amigos que se reencuentran en un refugio de montaña y acaban enfrentándose a una inquietante amenaza externa. Es, según Vallcorba, «una novela moral y psicológica con el desarrollo de una novela de terror metafísico». «Quería hacer una novela que rompiese géneros y sorprendiese al lector -explica el autor-. Como lector, no me gusta que me expliquen siempre la misma historia. Y lo que aquí parece un retrato generacional se acaba convirtiendo en algo cósmico».

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