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EE.UU. ejecuta al «francotirador de D.C.» sin aclarar si está loco
Este martes en la tarde-noche está prevista la ejecución por inyección letal en Virginia de John Allam Muhammad / AFP
Actualizado Miércoles , 11-11-09 a las 13 : 44
Cuando Estados Unidos aún no ha tenido tiempo de reponerse de la matanza de Fort Hood, ni de la perturbadora duda de si su autor era un terrorista infiltrado en el ejército o un desequilibrado, recobra actualidad el caso de John Allan Muhammad, apodado el “francotirador del D.C”, condenado a muerte por el asesinato en 2002 de diez personas en los estados de Washington, Maryland y Virginia. Fue condenado a muerte en 2004 y su ejecución por inyección letal se produjo ayer al caer la tarde.
La recta final de la ejecución estuvo precedida por un intenso circo mediático y judicial. Anoche Larry King entrevistó a las dos esposas del reo. La primera, Carol Williams, declaró que pensaba hacerle una visita horas antes de morir acompañada del hijo de ambos. La segunda, Mildred Muhammad, declaró en cambio que no quiere saber nada y que su único sentimiento es de culpabilidad porque el “francotirador” pudo asesinar a toda esa gente sólo para despistar de su verdadero objetivo: matarla a ella y hacerse así con la custodia de sus hijos.
La hipótesis del psicópata
Esa es una de las teorías: que Muhammad desató una masacre arbitraria –sobre todo entre personas que paraban en gasolineras a repostar, lo cual no excluyó a un adolescente de 13 años que iba a la escuela- para que la muerte de su mujer pareciera obra de un psicópata.
La hipótesis del psicópata ganó muchos adeptos al principio de la investigación; hacía menos de un año de los atentados del 11-S. Muhammad, de 48 años, y su cómplice, el joven Lee Boyd Malvo –que hoy tiene 24 años y está condenado a cadena perpetua- fueron capturados después de 13 ataques durante tres semanas.
Desde entonces todo ha sido confusión. Los abogados de Muhammad sostienen que no era responsable de sus actos, sea porque las palizas que recibió desde niño le dejaron lesiones cerebrales, sea por haber sufrido el síndrome de la guerra del Golfo. Este último argumento resulta especialmente inquietante cuando la ejecución se fijó veinticuatro horas antes de que Estados Unidos celebre el Día del Veterano. El reo por su parte afirmó que él no se acuerda de haber matado a nadie, se proclama inocente y asegura que le han tendido una trampa.
Los abogados pelearon furiosamente por suspender o por lo menos aplazar su ejecución, sorprendentemente rápida: un condenado suele pasar una media de doce años en el corredor de la muerte, recurriendo y apelando, y Muhammad pasó seis. El Tribunal Supremo denegó el último recurso con una declaración particular de tres jueces –entre ellos Sonia Sotomayor- lamentando la “perversidad de la ejecución de reos antes de completar sus apelaciones”. Ninguna de estas opiniones llegó, sin embargo, a convertirse en un voto disidente a favor de no ejecutarlo. John Allam Muhammad fue ejecutado por inyección letal ayer en Virginia ante 27 testigos.
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