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Salvo excepciones, como es el caso de la estadounidense AIG, que fue la mayor aseguradora del mundo, el seguro ha sorteado bastante bien la crisis. La aseguradora estadounidense recibió unos 180.000 millones de dólares de su Gobierno para evitar su quiebra y ahora trata de renacer de sus cenizas, como un Ave Fénix. De momento ha vendido buena parte de su negocio en distintas partes del mundo y ha cambiado a su filial europea el nombre por el de Chartis.
La resistencia del seguro a la crisis ha provocado que algunos grandes bancos utilicen a sus filiales de seguros para sobrevivir. Tal es el caso del holandes ING, que va a separar y vender su negocio de seguros para devolver los 10.000 millones de euros que recibió de su Gobierno.
Otro tanto le sucede al británico Royal Bank of Scotland, que deberá vender su negocio de seguros para acceder al programa de protección de activos del Reino Unido. El banco escocés recibirá unos 28.000 millones de euros de dinero público.
Los belgas de Fortis, que también han sufrido en sus carnes los efectos de la crisis, abandonarán su negocio de seguros en Rusia al considerar que no hay perspectivas de que cumpla con sus criterios de rentabilidad.
Pero para las aseguradoras puras, la historia es muy diferente. Dentro de éstas, la alemana Allianz, la mayor aseguradora de Europa, en los nueve primeros meses ha multiplicado por 5 su beneficio al pasar de 667 millones a 3.221 millones. Su cifra de negocio creció un 3% hasta los 71.900 millones.
Otra que también está haciendo bien las cosas es la francesa Axa, que ampliará su capital en 2.000 millones para financiar futuras adquisiciones.
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