Mientras Occidente seguía anclado en su pasado conmemorando el 20 aniversario de la caída del Muro de Berlín y el bloque comunista, que casi estuvo a punto de arrastrar al régimen chino durante las protestas de Tiananmen, Pekín continuaba ayer trabajando tranquilamente con su diplomacia del yuan y confirmando su ascenso como superpotencia mundial dentro del nuevo multilateralismo del siglo XXI.
Junto a una numerosa representación de países africanos, China inició en Egipto una trascendental cumbre para estrechar sus cada vez mayores lazos con el continente negro en busca de recursos naturales y de un emergente mercado para los baratos productos de la «fábrica global».
«Ayudaremos a África a construir su capacidad financiera suministrando durante los próximos tres años 10.000 millones de dólares (6.737 millones de euros) en créditos preferenciales y acometiendo 100 proyectos de energías renovables», anunció el primer ministro Wen Jiabao en la inauguración de la reunión, celebrada a orillas del Mar Rojo en el complejo turístico de Sharm el-Sheikh.
«China está preparada para profundizar en la cooperación práctica con África y para jugar un papel decisivo en la consecución de objetivos como la paz y la seguridad», prometió Wen Jiabao, quien también perdonará las deudas de los países más empobrecidos.
Además de establecer otro fondo de 1.000 millones de dólares (673 millones de euros) para los pequeños y medianos empresarios de África, Pekín eliminará las tarifas arancelarias sobre el 95 por ciento de los productos procedentes de las naciones menos desarrolladas. «Cualesquiera que sean lo cambios que se produzcan en el mundo, nuestra amistad con los países africanos no variará porque nuestro compromiso es apoyar su desarrollo económico y social», aseguró el primer ministro.
Esta cada vez más estrecha cooperación económica ha sido contemplada con preocupación en Occidente, donde con frecuencia se ha criticado que el nuevo colonialismo de China ampara a regímenes genocidas como el Sudán, al que suministra armas a cambio de petróleo, o hace negocios con Gobiernos que violan los derechos humanos, como el de Zimbabue.
Inicio de la política en 2006
Esta segunda cumbre del Fondo de Desarrollo Sino-Africano es la continuación del histórico encuentro que tuvo lugar en Pekín en noviembre de 2006. En aquella ocasión, el régimen chino otorgó a 48 países africanos préstamos a bajo interés por valor de 5.000 millones de dólares (3.368 millones de euros) y diseñó numerosos proyectos de ayuda humanitaria, como la construcción de colegios rurales, hospitales y centros contra la malaria y la formación de 15.000 profesionales a través de cursos especiales de educación. Además, Pekín condonó la deuda a 33 países y levantó las tarifas arancelarias para numerosos productos africanos.
Todo ello a cambio de reconocer diplomáticamente a la República Popular China en lugar de a Taiwán y de tener acceso a sus importantísimas materias primas, como petróleo, gas, minerales y madera, que resultan imprescindibles para alimentar el crecimiento del coloso oriental.
En este sentido, los intercambios comerciales se han triplicado al pasar de 39.700 millones de dólares (26.747 millones de euros) en 2005 a los 107.000 millones de dólares (72.091 millones de euros) del año pasado, mientras que la inversión directa de China en África ha crecido de los 491 millones de dólares (330 millones de euros) de 2003 a los 7.800 millones (5.255 millones) de 2008.


