Valoración:
Sábado , 07-11-09
Las actuales operaciones militares generan graves trastornos a buena parte del personal participante, más allá de los físicos aparentes. La naturaleza de los conflictos de Irak y Afganistán, en donde ningún sitio se puede considerar como totalmente seguro y a salvo de acciones enemigas, implica que sea hasta nueve veces más probable desarrollar trastornos por estrés postraumático que en anteriores escenarios convencionales.
Estrés que se produce igualmente en las operaciones relacionadas con la paz. Siendo suficiente con vivir bajo una gran presión, ser bombardeado, sentirse amenazado, saber de la muerte de algún compañero, o ver y escuchar los actos de violencia más extrema.
En algunas fuerzas armadas las cifras oficiales de afectados empiezan a ser alarmantes. En las británicas, se contabilizan 4.000 nuevos casos de desórdenes mentales anuales. El 20% de los soldados norteamericanos que han estado expuestos a cinco o más combates en Irak y Afganistán padecen síntomas acusados de desequilibrios psicológicos.
Por extensión y repercusiones, reviste especial gravedad el abuso de alcohol y drogas. Según estudios recientes, uno de cada cuatro soldados británicos desplegados en el exterior durante más de trece meses tiene graves problemas de alcoholismo.
Las rupturas sentimentales menudean. Los casos de separación y divorcio son tan alarmantes entre el personal desplegado que el ejército de EE.UU. ha construido en las inmediaciones del aeropuerto de Bagdad una clínica de salud mental especializada en trastornos afectivos de pareja, donde ofrecen consejo y terapia para intentar que las relaciones no se rompan.
Entre los soldados de EE.UU. que han servido en Irak, se registra el doble de suicidios una vez que retornan al hogar que los habidos durante la permanencia en zona.
Teniente coronel,
profesor
del CESEDEN
Valoración:

Enviar a:

¿qué es esto?


Más noticias sobre...