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España, ese sueño desconocido
Liliane iba camino de Europa cuando se quedó atrapada en esta especie de tela de araña que se ha convertido Marruecos para muchos emigrantes. El sueño de instalarse en España se le atragantó hace seis años, los mismos que lleva en el reino alauí. Tan cerca y, al mismo tiempo, tan lejos. «No hablo español, pero se parece bastante al francés y cuando lo veo escrito entiendo algunas cosas», afirma en Rabat mientras da el biberón a su hijo nacido hace tres meses.
Para esta congolesa de 31 años con documentos de refugiada de las Naciones Unidas los años en Marruecos se le están haciendo cuesta arriba, sobre todo, por la falta de trabajo.
Claro, que no tanto como para tomar la decisión de asaltar España en patera junto a su marido y sus dos hijos. «La vida allí es mejor que aquí», dice con cierta resignación, como a la espera de que un golpe de suerte o un milagro la haga despertarse un día al otro lado.
Sin apenas medios para sobrevivir, las horas se hacen interminables en la habitación que ocupan de alquiler en el barrio Nahdá de la capital marroquí.
Parace el lugar perfecto para que los sueños, a veces irracionales, crezcan hasta convertirse en una obsesión, como le ocurre a muchos de los subsaharianos que viven en esta ciudad.
Casi de manera inocente Liliane cuenta que si llega a España algún día buscará trabajo de costurera, de peluquera o en un gabinete de estética. «Y pronto aprenderé la lengua. Hola ¿cómo estas?», y se ríe.
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