La vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, encargada de presidir la «célula» de crisis del Ejecutivo para seguir el secuestro del «Alakrana», viajó anoche en vuelo regular -sin el gabinete de comunicación de los aviones oficiales- con destino a Argentina. El regreso al pesquero de los tres marineros retenidos en tierra ha hecho que el Gobierno recupere la calma.
De la Vega iba a desarrollar una visita oficial que se prolongará hasta el día 10 y en la que se entrevistará con la presidenta de la república, Cristina Fernández de Kirchner. Fuentes de su gabinete consultadas por ABC sobre la posibilidad de que la vicepresidenta primera decidiera aplazar el viaje a última hora, confirmaron que mantenía la intención de viajar y que ello no le impedirá estar al tanto de todo lo que vaya sucediendo. El viaje a Argentina tiene una duración de 12 horas.
De la Vega partió de visita oficial después de arremeter, en la conferencia de prensa posterior al Consejo de Ministros, contra la oposición y contra todos aquellos (ayuntamientos, familiares de los secuestrados, armadores, presidentes autonómicos, medios de comunicación...) que habían criticado la gestión del Gobierno en el caso del «Alakrana».
La vicepresidenta reconoció que «la situación es difícil» y que puede alargarse. Al PP lo acusó de ser «desleal», a los presidentes autonómicos -Patxi López y Núñez Feijoo- les reprochó que remen por su lado y sobre los familiares de los pescadores dijo que hay que intentar comprenderlos en «su angustia y sus críticas, aunque algunas puedan ser injustas».
Por la tarde, el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, anunció que los tres tripulantes del «Alakrana» desembarcados por los piratas han vuelto al pesquero. El jefe de la diplomacia española aseguró que el primer ministro somalí, Omar Abdirashid Ali Sharmarke, había sido el encargado de comunicar al embajador español en Kenia, Nicolás Martín Cinto, la noticia sobre los tres tripulantes, que «están bien», según el ministro. Moratinos no concretó si con ese paso, que presupone la vuelta a las negociaciones sobre el rescate, se hace inminente la liberación del buque.
«Sería irresponsable anunciar una fecha para decir que estamos en la fase final. Los secuestros son difíciles, complejos. Todos estamos haciendo lo máximo para encontrar una solución», añadió el jefe de la diplomacia además de pedir «tranquilidad» y «confianza» en las gestiones que está haciendo el Gobierno.
Todo dinero
Con la vía judicial más que complicada para devolver a los dos piratas en manos de la Justicia española y la solución militar -el asalto al «Alakrana»- cegada porque la posibilidad de que hubiera bajas parece inevitable, el Gobierno confía en que las negociaciones con los secuestradores del barco español puedan agilizarse «porque lo que quieren es dinero». El Ejecutivo insiste en la vía diplomática y en las gestiones de los servicios de inteligencia para encauzar unas conversaciones en las que los secuestradores habían empezado por exigir la entrega de cuatro millones de dólares (unos tres millones de euros), según ha podido saber
ABC en fuentes próximas a la negociación.
Como resulta evidente por el órdago lanzado por los piratas en la mañana del miércoles, el clan somalí responsable del secuestro quiere ahora más dinero. También han surgido discrepancias entre las distintas bandas que se ocupan del negocio criminal en la costa del Índico. Los dos piratas detenidos en España son de una banda distinta a la de los que ahora ocupan el «Alakrana».
El Gobierno impulsa la negociación del armador del «Alakrana», además de dar cobertura diplomática y de los servicios de inteligencia para encontrar una salida. El Centro Nacional de Inteligencia ha desplazado a algunos de sus agentes a la embajada española en Nairobi (Kenia). En esa embajada permanece desde el mismo día del secuestro, y bajo estrictas medidas de seguridad, el armador del buque, que se encontraba en este país africano. Desde la embajada, y en perfecta coordinación con el Ejecutivo, se están realizando las gestiones para el pago del rescate.
Aunque el armador del «Alakrana» se encuentra en la embajada española, la negociación está en manos del Gobierno, como sucedió con el «Playa de Bakio». Al CNI le correspondió realizar el pago del dinero.
En este caso, los piratas están siguiendo el mismo protocolo que en el secuestro del buque alemán Hamsa Stavanger. Al estancarse la negociación, los piratas trasladaron a tierra a parte de la tripulación, e incluso simularon que los mataban. Finalmente, y después de cuatro meses de negociación, el Gobierno alemán accedió a pagar 1,9 millones de euros en dólares. Los secuestradores son conscientes de que esta estrategia de intimidación puede dar resultado, aunque en el caso español se complica con la captura de los piratas y su traslado a España. Ahora, éstos se habían convertido en una moneda de cambio y en elemento añadido de chantaje.