Cambio de lugar y golpe en la mesa de negociaciones. Para la mayoría de expertos en la lucha antipiratería, el realojo de los tres marineros del «Alakrana» en territorio somalí garantizaba a los bucaneros un seguro de vida, en un lugar -las inmediaciones de Haradhere- que impedía cualquier ofensiva para su liberación.
Como señala a ABC José Cendón, fotógrafo español que el pasado año fue retenido durante 38 días en la región de Puntland -la misma en la que se encuentra el atunero español-, «lo más seguro es que esta decisión hubiera sido provocada por el temor de los piratas a una posible acción militar. De este modo, los bucaneros se hicieron con una herramienta de presión más eficaz sobre el Gobierno español, y garantizaban que ninguna fuerza extranjera atacara su enclave en los próximos días». Para el fotógrafo, «la situación de los tres españoles no habrá sido muy diferente de la que sufrían en alta mar. El peligro de que fueran maltratados o agredidos por la población local era casi nulo, ya que es algo que no interesa actualmente a los secuestradores».
Antes de ser devueltos al barco, Lutfi Sheriff Mohammed, periodista local que permanece en contacto con los piratas, decía a este periódico que los tres marineros se encontraban «en perfecto estado ya que, en ningún momento, la intención de los corsarios es acabar con sus vidas». Habrían sido trasladados a la ciudad de Bahdo, al noreste de Haradhere, una localidad que junto a Eyl rivaliza por ser el centro de operaciones de la piratería somalí y donde fueron «realojados» en una de las familias locales.
Estrategia parecida
Una estrategia emprendida por los «Somali Marines» --principal organización de las cuatro que operan en aguas del Índico- que ya fue utilizada recientemente por el grupo en otra de sus capturas, la del matrimonio británico Paul y Rachel Chandler. La pasada semana, ante la negativa del Gobierno británico al pago de los 5 millones de euros que exigían como rescate, los corsarios condujeron a la pareja -secuestrada desde el 23 de octubre- a un poblado cercano al lugar donde se encontraría la tripulación del atunero español. Una ciudad que, como advierte Andrew Mwangura, portavoz del Programa de Asistencia a Marineros para el Este de África, se encuentra tecnológicamente al nivel de las principales capitales europeas, aunque cuente con menos de 1.000 habitantes.
Todo ello, gracias a que su población se beneficia de los casi 100 millones de dólares obtenidos el pasado año por los corsarios. Aunque en los últimos meses este enclave pirata haya quedado ligado a la tragedia. En abril pasado, la ciudad celebró un multitudinario funeral en memoria de los cinco bucaneros abatidos por la Armada francesa y estadounidense, en dos maniobras casi paralelas que sirvieron para liberar al velero «Tanit» y al navío «Maersk Alabama». Pese a que uno de los rehenes también murió en el operativo, los féretros de los piratas fueron recibidos como los de héroes.