
A apenas un kilómetro de la base de Fort Hood, dos soldados dialogan al sol en la terraza de un Starbucks. «De hecho, estábamos hablando de eso mismo», confiesa Sun, norteamericano de origen asiático destinado en la base. Tanto él como su compañero, Kim, reconocen que no conocían en persona a ninguno de los involucrados en el tiroteo del jueves, tampoco a Nidal Malik Hassan. «Ambos volvimos de Irak hace tres meses. Por supuesto, es un drama lo que ha ocurrido, pero sobre todo por las familias. ¿Sabes? Cuando estás destinado allí, o en Afganistán, tu familia está preparada, saben que estamos allí para servir a nuestro país. Pero cuando estas cosas pasan aquí, en nuestra propia tierra, eso nadie se lo espera».
En los alrededores de la base se extiende un conglomerado urbano que responde al nombre de Killeen. La mayor parte de sus habitantes están empleados en Fort Hood u ofrecen servicios al personal militar. Entre los vecinos de Killeen no se aprecia tanto tristeza como resignación. «Lo que ha ocurrido no es nada nuevo. En ningún sentido», dice Lilian, una emigrante de origen hispano que trabaja desde hace 6 años en la zona. «Ayer, en el trabajo, la gente comenzó a hablar de la situación. Estaban un poco asustados».
El precedente de Luby´s
«Lo más chocante no es que haya ocurrido esta desgracia», dice Matthew Whitaker, otro vecino. «Lo peor es que esa gente no recibe un tratamiento psiquiátrico adecuado. Cada cierto número de meses, nos llegan noticias de otro episodio en que un soldado se ha vuelto loco y ha tenido su día de furia», dice en referencia al asesinato de un militar en Fort Hood a manos de un compañero, el pasado mes de julio.
La historia de Fort Hood y sus alrededores está sembrada de macabros precedentes. A unas cuantas manzanas de la base está el escenario de lo que se conoció como la matanza de Luby´s, en honor a una cafetería donde el 16 de octubre de 1991 un individuo asesinó a 24 personas.
Hoy, la cafetería ya no existe. Su lugar ha sido ocupado por un buffet chino. «Dicen que la comida no está mal, pero yo nunca entraré en ese lugar» es una especie de lugar común en Killeen.
Al ser preguntado por las causas que pudieron llevar a Malik Hassan a cometer semejante homicidio contra sus compañeros, Jeremy Hopkins, encargado de una gasolinera a unos metros del citado buffet, supone que «demasiado estrés, y también la falta de conexión. Los psiquiatras del ejército deberían haber visto antes las banderas rojas», dice Hopkins.
Suele atribuirsele a John Lennon la frase de que Elvis Presley murió realmente el día que ingresó en el ejército americano. «Elvis estuvo precisamente destinado en Fort Hood y vivió en Killeen», recuerda Whittaker. La mayoría de las víctimas, que desde ayer suman 13, permanecerán sin embargo en el anonimato para la mayoría de los vecinos de Fort Hood y de Killeen. Una localidad que, de un día para otro, ha sustituido las calabazas de halloween por los crespones negros y las banderas a media asta.


