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Viernes , 06-11-09
EL Banco de España ha encontrado finalmente en Caja Astur (CA) su caballero blanco para Caja Castilla-La Mancha (CCM). Una solución imaginativa en la que se ha puesto de manifiesto la inutilidad del FROB y la dificultad de que haya una solución de mercado a un problema político. El problema es cómo encontrar comprador a una Caja en quiebra, sin liquidar la entidad y sin que la Comunidad afectada pierda sus derechos políticos y su capacidad de decisión sobre la Obra Social, es decir, sin modificar la ley de Órganos Rectores de las Cajas y sin que el comprador vea diluido su control de la compañía resultante. Un peligro real en este caso en que la opada, CCM, era vez y media más grande en depósitos, sucursales y trabajadores que la opante y podía haber acabado controlándola. La solución encontrada es ingeniosa. No compra Caja Astur sino una filial de banca privada que constituye una sociedad mixta en la que CCLM se reserva el 25 por ciento de los derechos de voto, con lo que mantiene su personalidad jurídica y su capacidad de decisión sobre ese porcentaje del gasto social.
Es una arreglo económicamente racional, CA es una de las Cajas más rentables y solventes aunque no parece a priori que extenderse en Castilla-La Mancha fuese una prioridad estratégica ni por proximidad, ni por vínculos comerciales, ni por potencial de crecimiento, aunque hacerle un favor al regulador siempre viene bien. Jurídicamente es un acuerdo trasgresor, al límite, sólo posible porque las dos Comunidades están en manos del mismo partido político y hay voluntad de poner fin al espectáculo. La solución se podía haber producido perfectamente al margen del FROB. De hecho todas las partes insisten en que no se va utilizar un duro de ese fondo. Si no es por dinero, ni por dar cobertura jurídica al acuerdo, ¿para qué necesitamos al FROB? Si sólo sirve para convencer a las comunidades autónomas de que es necesario permitir fusiones inter-regionales, lo que en el caso de comunidades con una sola Caja es una obviedad, es un lujo caro y una inmensa pérdida de tiempo.
Pero la solución Caja Astur tiene otra interpretación, aunque quizás sólo sea verdad en mi mente maliciosa. El Banco de España no se encontraba con fuerza política suficiente para intervenir y liquidar una Caja. Era consciente de que la ley de Órganos Rectores constituye un obstáculo mayor a la inevitable restructuración del sector, pero no fue capaz de convencer al Gobierno del presidente Zapatero de la necesidad de cambiarla. Entre otras cosas porque exigía negociar y acordar con el Partido Popular algo impensable cuando se quiere hacer política con la crisis. Sólo le quedaba al Gobernador una alternativa, exponer las contradicciones del sistema y confiar en una solución por reducción al absurdo. Y eso es lo que ha pasado. Que para fusionar dos Cajas haya que recurrir a una filial de banca privada de una de ellas parece un absurdo. Que para fusionarlas haya que crear una sociedad anónima en la que se concentra el negocio bancario; una sociedad que es distinta, independiente, de la sociedad caja, es el principio de la desmutualización. Nada impide luego, dentro de unos años, cuando los mercados financieros se recuperen y se pueda obtener un buen precio, privatizar esa sociedad anónima. Ojalá tenga razón, porque demostraría que la realidad se acaba imponiendo, y nos permitiría ser también optimista por ejemplo con la reforma laboral. O hacemos de las Cajas bancos de desarrollo regionales y dejamos de escandalizarnos falsamente porque los presidentes de Comunidad quieran controlarlas, o reconocemos que con la legislación vigente no hay más alternativa a la chapuza intra-regional que la desmutualización. Que ésta sea más llevadera cuando se hace por otra Caja sólo es un síntoma de nuestras propias perversiones mentales. Nos gusta más, parece, que nos compre el Estado, aunque sea otro Estado, que un privado. Que alguien me lo explique porque me parece kafkiano.
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