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«Me voy a morir ahora. Perdón por todo, perdón por todo»
EFE
Jueves , 05-11-09
Francisco Ayala afrontó los últimos minutos de su longeva vida en plena conciencia de que, efectivamente, iban a ser los últimos. Fue la lúcida intuición de quien fue grande hasta el mismo instante en el que expiró en presencia de su mujer, Carolyn, y de la que fue su cuidadora durante los seis últimos años, Fátima. En la mañana de su muerte, Francisco Ayala se levantó algo más tarde de lo habitual y, como de costumbre, pidió el desayuno a Fátima. Café, zumo, un huevo revuelto y una magdalena que no llegó a acabar. Ayala se puso su mascarilla de oxígeno, pero pronto se la quitó él mismo. «¿Por qué se la quita?», preguntó Fátima. «Porque me voy a morir», replicó él en pleno ejercicio de lucidez y dignidad. «Pero ¿cuándo, por qué?», insistió ella. «Ahora, porque me voy a morir». A renglón seguido, Ayala le cogió las manos, las besó tres veces y repitió «perdón por todo, perdón por todo, perdón por todo». Fátima llamó rápidamente a Carolyn, que acudió a la sala de estar donde su marido se encontraba. Carolyn y Ayala se cogieron las manos y él falleció mientras se las apretaban dulcemente. Murió sentado en su sofá, mirando a Carolyn y entre breves pero intensos recuerdos de cuando se conocieron. El cuerpo sin vida de Francisco Ayala fue incinerado ayer en El Escorial (Madrid), después de que durante todo el día su viuda recibiera múltiples muestras de pesar y cariño, incluidas las de los Reyes (en la imagen, Don Juan Carlos trata de consolarla) y la del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. _ Cultura
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