
Una mujer opositora escapaba ayer de una carga policial en las calles de Teherán | AP
La herida abierta en Irán por las últimas elecciones volvió a supurar ayer, en el treinta aniversario del asalto a la Embajada de Estados Unidos, una operación que marcó el giro definitivo hacia el islam de la revolución de Jomeini que hizo caer la monarquía del Shá. Treinta años después, la unión en torno a los valores islámicos tras la toma de aquellos 52 rehenes durante 444 días, ha desaparecido.
La polémica reelección de Mahmud Ahmadineyad el pasado 12 de junio dividió al país, y las calles de Teherán lo reflejaron ayer con dos manifestaciones: la oficial, ante la antigua embajada de EE.UU., y la de la oposición, duramente reprimida por la policía del régimen.
Volvieron a escucharse los gritos de «Muerte al dictador», que no han cesado durante los últimos cuatro meses. Miles de opositores salieron a las calles, entre ellos uno de sus líderes, Mehdi Karrubi. La «ola verde» estaba de nuevo en marcha, y la represión a palos y con geses lacrimógenos volvió a enseñorearse de las principales plazas del centro de Teherán. Carreras ante las porras de los milicianos del Basij, barricadas, incendios... y una treintena de jóvenes detenidos.
Mientras tanto, la marcha oficial organizada por las autoridades coreaba los clásicos «Muerte a América» y «Muerte a Israel» frente al antiguo edificio de la embajada de un país que para ellos sigue siendo el «Gran Satán». En tan emblemático acto oficial faltaron, sin embargo, destacados pesos pesados de la historia de este régimen, como los antiguos presidentes Hashemi Rafsanyani y Mohamed Jatamí, o el que fuera primer ministro y mano derecha de Jomeini durante los ocho años de guerra con Irak, Mir-Husein Musavi.
El líder espiritual, Alí Jamenei, aprovechó la jornada para dejar clara su postura respecto a Obama. «El nuevo presidente ha dicho cosas bonitas, pero en el fondo no han cambiado sus intenciones».




