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Mircea Eliade. Impedimenta (Madrid, 2009). 520 páginas. 26 euros
«La novela del adolescente miope»
Mircea Eliade, en el estudio de su casa en Chicago / ABC
¿Quién era Mircea Eliade?
Mircea Eliade nació en Bucarest en 1907. A los catorce años publicaba su primer relato, «Cómo encontré la piedra filosofal». Tres años después redactaba «La novela del adolescente miope», en la que recogía las experiencias de sus años de estudiante. Poseedor de una vasta erudición, hablaba cinco lenguas: rumano, francés, alemán, italiano e inglés. En los años treinta contrajo matrimonio con Nina Mares y coqueteó con el fascismo, formando parte de la Guardia de Hierro, una organización de extrema derecha. Embajador de Rumanía en Portugal, sufrió un duro golpe con la muerte de su esposa, sumiéndose en una profunda depresión que se vería agudizada con la derrota de las potencias del Eje en la Segunda Guerra Mundial. En 1945 se traslada a Francia, donde trabajará como profesor en la École Practique des Hautes Études hasta 1957, año en el que es nombrado catedrático de Historia de las Religiones en la Universidad de Chicago. Falleció el 22 de abril de 1986 en esa última ciudad.
«La novela del adolescente miope»
ISBN: 978-84-937110-5-4 Páginas: 520
Fecha de publicación: Madrid, 2009
26 euros
Publicado Miércoles , 04-11-09 a las 11 : 09
Con sólo diecisiete años Mircea Eliade se lanzó a escribir «La novela del adolescente miope», un proyecto para el cual se convierte en autor, narrador y personaje de un diario en el que va apuntando sus observaciones.
Su protagonista es un chico feo con preocupaciones eruditas que saca malas notas y no consigue destacar entre los compañeros. Eso sí, posee una extraordinaria cualidad: su capacidad de análisis. Desde su experiencia aspira a escribir una novela que refleje el sufrimiento real de un adolescente torturado por la incomprensión. Confía en que la gloria de llegar a ser un novelista precoz le reporte reconocimiento. Así se vengará del dolor causado por todos aquellos que llegaron a despreciarle.
Del mismo modo que el Zeno de Italo Svevo o el Martín Romaña de Alfredo Bryce Echenique, ahondará a través de sus anotaciones en el conocimiento de sí mismo. Y es que este adolescente miope no solo debe su peculiar visión del mundo a sus dioptrías sino a su empeño introspectivo. Como resultado de este seguimiento interior toma conciencia de la movilidad de su propia alma. Se siente perdido y confundido. De ahí que busque una verdad única e infalible y se acerque a la espiritualidad.
El amor como debilidadLa lectura de esta novela irónica sobre la búsqueda de la identidad no se concibe sin la continuación que tiene en «Gaudeamus», incluida en esta edición e inédita hasta el momento en castellano. Arranca con la entrada de su protagonista en la Universidad de Bucarest como estudiante de Filosofía. Su solitaria buhardilla de muchacho rarito se llena ahora de jóvenes, idealismo, humo de cigarrillos y perfume de mujer. Pero esta nueva etapa que debería resultarle un himno a la alegría, no es más que un tormento para su espíritu. Las chicas que se le acercan lo abruman. Parece que intentaran confundirle y alejarle de aquella serenidad ascética a la que se había habituado. Llega a despreciarlas e incluso a disfrutar torturándolas. Considera el amor una debilidad e intenta reprimir el deseo con todas sus fuerzas hasta el punto de flagelarse.
Su ambición intelectual es lo más importante. Para ello se impondrá una disciplina muy estricta que le mantenga concentrado en los estudios y en constante reflexión. Únicamente a través de la renuncia, el sacrificio y hasta el martirio podrá superar su condición de hombre para convertirse en un héroe. Aunque a veces se cuestiona si el camino que ha elegido es el correcto o resulta una excusa para no afrontar la realidad: «Me decía a mí mismo que allí estaba la vida, mientras que aquí estaban los libros; que allí había valor, frescura, novedad; aquí, una cobardía cómoda y un simple sucedáneo de la vida auténtica».
«La novela del adolescente miope» está cargada de reflexiones existenciales. Los personajes dialogan con el narrador sobre su propio papel dentro del relato. Eliade logra a través de esta construcción a base de anotaciones, páginas de diarios y cartas una potentísima empatía del lector hacia su protagonista y una reflexión metaliteraria. Permite, además, conocer la realidad histórica del Bucarest intelectual del momento y aproximarse al propio autor para comprender mejor su interés por la religión y sus polémicos acercamientos al antisemitismo e incluso a posturas de extrema derecha.
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